13 de junio de 2016

Conociendo a tus estudiantes (2): Competencias digitales

A la vista de algunas dificultades técnicas que mis estudiantes del grado de Derecho me ponían de manifiesto a la hora de ejecutar algunas de las actividades del curso, decidí, al poco de iniciar el semestre, realizar una encuesta sobre competencias digitales, cuyo resultado concreto puede examinarse aquí. Dado que el nivel formativo del grupo era bueno, creo que los resultados (que intentaré completar con una nueva muestra el curso que viene) nos obligan a reflexionar sobre las competencias digitales de nuestros estudiantes (y a estos sobre su adaptación a las exigencias de la sociedad de la información).


1. Pocos estudiantes poseen competencias digitales sobresalientes


El número de estudiantes que pueden decirse tecnológicamente avanzados es reducido, incluso para un estudio grado de Derecho- al que no suelen acceder los más incondicionales de las matemáticas. Un 9 % sabe escribir código (aunque solo sea retocar el html de una página web); un 11 % administra un blog o página web y un 31 % usa activamente Twitter.


2. Una brecha digital en las competencias ofimáticas


La capacidad de ejecutar algunas utilidades propias del mundo académico y profesional es menor de lo esperado en miembros de una generación de nativos digitales. No me gusta echar las culpas a los eslabones anteriores de la cadena educativa, pero sorprende que durante el bachillerato no hayan tenido sobradas oportunidades para poner en práctica utilidades como crear y emplear una hoja de cálculo (no saben hacerlo el 48 %), crear un enlace en un documento de texto (no saben el 43 %) o crear un índice en un documento de texto (no saben el 54 %). Sobradamente capacitados, sin duda, para los usos cotidianos, sociales y lúdicos de las nuevas tecnologías, los estudiantes resultan menos avezados en la "ofimática pesada", necesaria, sin embargo, para el desempeño profesional y ciudadano que les espera.


3. Conformismo en las búsquedas


No hace falta ninguna encuesta para llegar a la conclusión de que los estudiantes emplean cotidianamente los buscadores generalistas -y Google en particular-. Sorprende, sin embargo, la reducida competencia de los estudiantes en la personalización de las búsquedas (un 30% no sabe cómo realizar una búsqueda acotada a una frase literal y un 70 % no sabe emplear los operadores lógicos "y", "o", "no"...). En la misma línea se sitúa el dato del escaso conocimiento de buscadores especializados, como Dialnet (20%) o Google Académico (6%). Mi impresión es que los estudiantes se rinden a las crecientes capacidades predictivas de los buscadores generalistas, sometiéndolos a búsquedas "en bruto", sin demasiado análisis ni reflexión. Abandonarse a la "inteligencia colectiva" aplicada por los buscadores supone, en mi opinión, una actitud alejada del deseable pensamiento crítico, para el que es preciso emplear herramientas de búsqueda más refinadas, que permitan alejarse del camino trillado. 


4. Creciente lectura en pantalla


En contraste con lo que ocurre con los "digitales tardíos" de mi generación, los estudiantes demuestran mayor predisposición a la lectura en pantalla de los materiales del curso. En un curso en el que los estudiantes debían leer, con periodicidad semanal, los apuntes (Nociones) -unas 50 págs. en total- y las entradas de blog, mayoritariamente sobre sentencias, de ZONA RESPONSABILIDAD CIVIL estudiantes y ZONA OBLIGACIONES Y CONTRATOS estudiantes -unas 150 págs en total-, solo un 15 % imprimió y leyó en papel todos los materiales, un 46% optó por un sistema mixto (Nociones en papel, blog en pantalla) y un 39% leyó todo en pantalla (con preferencia por la versión en pdf frente a la versión web).


5. Aprendientes ágiles


Pese a los déficits ofimáticos aludidos, lo cierto es que la amplísima mayoría de los estudiantes resolvió con comodidad los "retos" digitales que les planteaba mi asignatura (como, por ejemplo, insertar enlaces en un texto). Nuevamente en comparación con generaciones anteriores, tan fáciles al "bloqueo digital", demuestran mayor agilidad en el aprendizaje; no en vano, ahora sí ha de notarse, son nativos digitales. Y esto me permite desembocar en una conclusión final para esta entrada...


6. Conclusión


Las capacidades innatas de nuestros estudiantes para lo digital están infraexplotadas; corresponde al sistema educativo -universitario y preuniversitario- incentivar su uso y a los propios estudiantes esforzarse en emplear los múltiples recursos disponibles de educación no formal para mejorar sus competencias. 





14 de marzo de 2016

Conociendo a tus estudiantes: un estudio cualitativo

Introducción


En los últimos tres años en que he impartido la asignatura "Responsabilidad contractual y extracontractual" del segundo semestre del tercer curso del grado de Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de las Islas Baleares, he venido pidiendo a los estudiantes que me envíen una pequeña presentación, de carácter informal, sobre la que luego hablamos en una primera tutoría. Una parte de estos estudiantes -aproximadamente un tercio- pertenecen al grupo vespertino, caracterizado por incluir estudiantes de más edad y que compatibilizan trabajo y estudios.

Esta presentación y la posterior tutoría tienen como funciones conocer a mis estudiantes, "desasustarlos" sobre mi accesibilidad en el despacho, identificar intereses particulares que puedan confluir positivamente con la asignatura y resolver las dudas que les hubiera ocasionado la guía docente y la primera o primeras clases; también, en ocasiones, lanzar una primera advertencia de peligro a estudiantes en cuyo perfil observo algunos indicios de que pueden abandonar tempranamente el "tren de la asignatura".

Con el tiempo, sin embargo, el hallazgo de coincidencias que me parecen llamativas me ha hecho pensar que esta actividad, además de ser una estrategia docente, es un recurso valioso de análisis sociológico. Aquí recojo, por ello, con absoluto "amateurismo" en cuanto a la metodología del análisis, mis conclusiones sobre unas 300 autopresentaciones de estudiantes de 3º. de grado.


Vocación inicial


Los estudiantes que desde niños (o, al menos, adolescentes) tenían claro que querían estudiar Derecho son una estricta minoría (salvo, curiosamente, en el curso que imparto este año). Las afirmaciones como las que trascribo a continuación solo se encuentran en un cuarto o un quinto de las presentaciones.
  • Desde era pequeña quise estudiar derecho porque por aquel entonces me parecía muy interesante el mundo de los juicios, los abogados, los jueces ... y sobre todo me llamaba la atención el hecho de intentar persuadir a una persona para que creyera tu versión...
  • Se puede decir que desde siempre he querido estudiar Derecho. Desde pequeñita, cuando me pedían que quería ser de mayor, siempre contestaba que abogada y cuando me pedían por qué decía (con toda mi inocencia) que era porque me encantaba debatir, dar mi opinión y sobre todo defender a la gente que consideraba que tenía la razón. Por el momento, podría decir que no he cambiado y sigo con estas mismas características.
  • Empecé el grado de Derecho con total convencimiento. Desde muy pequeña ya tenía la convicción de que cuanto llegara el momento elegiría estudiar esta carrera y, de hecho, así fue.
  • He tenido vocación para estudiar derecho desde aproximadamente los 14 años y no precisamente por herencia familiar, ya que no dispongo de ningún pariente que ejerza una profesión relacionada con el derecho.  
En la mayoría de los casos, se trata, en orden de mayor a menor frecuencia, de una decisión tardía (en el último curso del bachillerato, casi siempre inspirada o reforzada por el tutor del colegio o instituto o, llamativamente, por las sesiones de "puertas abiertas" de la universidad), "extratardía" (por descarte, al hacer la preinscripción) o de rebote (perfil más frecuente: estudiante fracasado o desencantado en el primer curso de GADE o GECO).

Los argumentos que más frecuentemente mencionan los estudiantes como determinantes de su decisión de estudiar Derecho pueden agruparse en dos categorías.

La primera es la archiconocida del amplio elenco de salidas profesionales que ofrece una carrera tan versátil como Derecho. Para quienes piensen que, para idealistas, nosotros, y que los jóvenes de hoy se mueven por intereses más prosaicos y materialistas, diré que, con gran frecuencia, los estudiantes especifican que persiguen un trabajo orientado a lograr una sociedad más justa y a proteger a quienes consideran necesitados de justicia.
  • En mi opinión, estudiar Derecho te abre un gran abanico de profesiones a las cuales te puedes dedicar al finalizar el grado y si eliges de acuerdo con tus inquietudes pienso que puedes disfrutar mucho realizando tu trabajo.
  • Otro de los factores fue que no tenía muy claro a qué profesión y el Derecho me ofrecía un gran abanico de posibilidades. 
  • Las salidas al mercado laboral son inmensas en comparación con otras carreras, y viendo cómo van las cosas, me tranquiliza un poco más. 
  • Nunca he tenido claro qué quería estudiar y sinceramente escogí derecho porque es una de las que considero que cuenta con más salidas laborales una vez finalizada. Principalmente me hubiera gustado más realizar una carrera como la de educación social, pero al contrario que derecho abarca menos posibilidades laborales una vez finalizada.
  • Un aliciente que en mi caso podría añadir es que el Derecho trata sobre cuestiones que van desde cuestionar la legalidad de una norma, a los problemas del día a día que puede encontrarse un ciudadano de a pie, y esto último es algo que me atrae porque es una manera de ayudar a los demás a resolver los problemas que les puedan surgir.
  • No sabría decirle exactamente por qué elegí la carrera, porque realmente no tengo ningún familiar ni referente en la carrera que me haya precedido, pero me llamaba la atención la figura del abogado defensor, creía que era una forma de poder ayudar. 

Junto a esta finalidad profesionalizante, con una frecuencia solo ligeramente inferior, los estudiantes aluden al interés que para ellos tienen los estudios jurídicos como herramienta para comprender el mundo, es decir, la sociedad en la que viven.
  • Por otro lado, haces una visión general de las distintas situaciones que se dan cotidianamente dentro de la sociedad, lo que la hace una carrera muy interesante mediante la cual adquieres una gran cultura general".
  • Estudiando Derecho me doy cuenta de que he aprendido historia, política y ética, todo en la misma carrera.
  • La razón por la que escogí estudiar Derecho fue la curiosidad por saber cómo se rige nuestra sociedad, cómo funciona, quería entender qué decían esos señores que salen por la tele (políticos, abogados, jueces, funcionarios en general...), en definitiva, entender la estructura de nuestra sociedad y tal vez aprender a mejorarla. 
  • Sinceramente no sabría decirle un motivo concreto que explique por qué me dispuse a estudiar Derecho, fue básicamente la idea en entender mejor cómo funciona el mundo desde el punto de vista jurídico.
  • Este es uno de los grados más enriquecedores que puedes cursar ... No solo me ha enseñado cómo funcionan los Poderes del Estado, sino que ha sido un 'conocer realmente cómo es la sociedad', es estar en contacto con la realidad, se ven temas y problemas que existen en el día a día que no son visibles para cualquier ciudadano.
  • Empecé a estudiar Derecho por curiosidad, porque me interesaba saber más 
  • Empecé Derecho porque siempre me han interesado temas como la historia, leyes, conducta humana, política, justicia, organización del Estado, actualidad, etcétera, y comprendí que esta era la carrera idónea.
  • Me convenció la carrera de Derecho por eso que digo de estructurarte la cabeza, por ejemplo, conocer cómo se articula la sociedad. 
Esta motivación dual de los estudiantes se corresponde, en mi opinión, con la orientación también dual que ha de tener el grado de Derecho: profesional, por un lado, como preparación generalista para las profesiones jurídicas, y política, en el sentido más amplio del término, por otro, consistente en habilitar a los graduados para ser y actuar como ciudadanos ilustrados y críticos.

No quiero terminar este apartado sin aludir a la especial motivación de los estudiantes "maduros", cuyos objetivos van desde la mera promoción laboral a la pura satisfacción de ver cumplido un reto personal. Sirva de homenaje a estos esforzados estudiantes, estas palabras de una de ellos:
Empecé la licenciatura de Derecho hace más de 20 años... 
Oposité a la función pública y me puse a trabajar. 
Llegaron los niños, soy madre de familia numerosa, y empecé a ver las cosas de otra manera. Qué diferente es estar al otro lado… y así sin pensármelo el año pasado llegué a Secretaria de Jovellanos. 
Adapté mi plan de estudios al Plan Bolonia y estoy encantada de la decisión tomada. 
Por un lado estoy intentando demostrar a mis hijos que no vale protestar sino hacer lo imposible por conseguir un objetivo, que nadie regala nada. Que cuando ellos se van a la cama yo empiezo a estudiar y he tenido que priorizar mis obligaciones de estudiante ante muchas actividades que me encantan como puede ser el deporte o la música. 
Por otro lado la satisfacción personal de haber decidido que ya era hora de acabar lo que empecé y de hacerlo cuando aún mis padres están conmigo y de devolverles todo lo que ellos hicieron por nosotros.


Satisfacción en sus estudios


La amplia mayoría de los estudiantes, tanto los de vocación temprana como los de vocación más morosa, manifiestan satisfacción; no están  arrepentidos o insatisfechos con su resolución de estudiar Derecho. Aunque es lógico pensar que los insatisfechos habrán abandonado tempranamente la carrera, la espontaneidad y rotundidad con la que se explican y la práctica ausencia (no llegan a una docena) de respuestas tipo "más o menos", "hasta cierto punto", "no acabo de encontrarme", etc., me hace pensar que la Facultad puede preciarse de que los ánimos de los estudiantes estén altos. Y no es precisamente porque la carrera les parezca fácil.
  • Hasta el momento me está yendo muy bien, el grado me está gustando incluso más de lo que esperaba y no me he sentido incómoda con el alto nivel de exigencia, sino que me ha motivado a esforzarme cada vez más.
  • Desde que decidí estudiar Derecho, siempre me he encontrado algún amigo que me dijo "ya sé yo quién me sacará de los líos". Ahora me emociona poder ver un contrato bilateral donde la gente solo ve la compra de un billete de autobús. 
  • No era consciente  de lo duro que se puede hacer sacar la carrera, pero a día de hoy la volvería a escoger porque me he dado cuenta de que, aunque es un grado muy difícil, te vuelve más responsable y además la satisfacción personal cuando superas asignaturas es muy agradable.
  • Lo mío en el Derecho no es vocacional... Lo realmente curioso es que con 20 años, ninguna suspendida de los otros cursos y con ganas de seguir aprendiendo, no pensaba que esta carrera 'enganchara' de esta manera.
  • Nunca me creí capaz de estudiar tantos libros ... Me está gustando más de lo que imaginé 
  • No me arrepiento de esta decisión, creo que he acertado de lleno, aunque he de reconocer que no me está resultando nada fácil.
  • Tengo que decir que la carrera que curso actualmente me ha sorprendido gratamente, y a medida que avanzo en los cursos, me va interesando y atrayendo mucho más, hasta el punto de decir que creo que mi elección fue acertada.
  •  Estoy compaginando los estudios del grado con mi trabajo, y aunque desde luego es un esfuerzo, estoy francamente contenta con los resultados que estoy obteniendo. Creo que el Plan Bolonia, comparándolo con los años en que yo estudié, facilita mucho al alumno el estudio y por supuesto el aprobar, aunque la carga de trabajo diario sea mucho mayor.
  • Lo cierto es que en primero de grado tenía claro que si no me gustaba lo suficiente no me iba a obligar a seguir estudiando Derecho. Siempre podía optar por otro camino. Pero lo cierto es que me sorprendió para bien, no sólo por el conjunto, sino también por asignaturas que en principio no me parecían atractivas y que finalmente, bien por el profesor, por la materia o por ambos, me acabaron resultando muy interesantes; no porque esperara algo peor, sino porque en ocasiones pensaba que Derecho no estaría hecho para mí.
  • Al principio, no estaba muy segura de escoger esta carrera ... Si ahora me volvieran a preguntar sobre lo que quiero estudiar o si me gustaría haber escogido otra carrera, les respondería que no me imagino haciendo otra cosa.
  • No me ha defraudado, ni mucho menos, es más, ha cumplido con creces mis pretensiones e incluso pienso que ciertos aspectos del grado deberían explicarse en la enseñanza obligatoria 
  • Me matriculé en la rama de ciencias pues quería ser odontólogo, pero cambié de criterio. A día de hoy considero que el cambio de planes ha sido una de las decisiones más importantes y acertadas de mi vida.
  • Considero que con todo lo que aprendemos, valoramos y afrontamos 'problemas rutinarios' de una manera diferente (o eso es lo que yo he observado en estos tres últimos años)
  • Podríamos decir que siempre me ha atraído "no sé qué" que tiene el Derecho ... A media que pasan los años veo que no me he equivocado, que cada vez aumenta más mi interés y curiosidad, todo sin que se pierda la búsqueda de ese "no se qué" inicial.
  • Pese a que no inicié estos estudios con todo el entusiasmo que cabría esperar, confieso que me he llevado una grata sorpresa: cada día me gusta más la carrera y estoy más segura de haber tomado la decisión correcta; hoy por hoy, ya no me imagino haciendo otra cosa.
  • A día de hoy no me arrepiento de mi decisión, puesto que ese pequeño interés ha ido creciendo cada vez un poco más a medida que ha ido pasando el tiempo y ahora soy yo el que muchas veces explica a mi padre cosas que se hablan en televisión y él no comprende.
  • ¿Y si realmente mi interés era estudiar mas a fondo la Ley y no ser Policía? Por lo tanto, aprendí de los errores ajenos, obtuve nota en Selectividad para poder acceder a Derecho y ese mismo año me matriculé en el 1er año de la Carrera, una de las mejores decisiones que he elegido en mi vida. El grado me entusiasma, su abanico de conocimientos es increíble. Al principio tenía miedo, la gente me decía que la Carrera era muy difícil e imposible de obtener, incluso me añadían que muchos amigos suyos la habían dejado porque no podían con ella (Supongo que gente que quiso probar pero no tenía vocación alguna). A mi, por ahora la carrera me va bien y para nada opino lo que me contaban los demás, pienso que es una carrera maravillosa y, sobretodo, muy interesante, siempre aprendes algo nuevo
  • Me decanté, teniéndolo muy claro, por un bachillerato de ciencias puras pensando estudiar algo muy relacionado con ellas tipo medicina o biotecnología. A pesar de ello, al acabar selectividad hice un giro radical y pensé que medicina no era mi carrera así que opté por una carrera que me pudiera gustar y esa era Derecho. Mi idea sobre el derecho era " 2+2=4" , es decir, existía una ley y esa era la que se aplicaba, no había más vuelta de hoja. La primera semana de clase esa idea fue totalmente destruida puesto que, no hubo ni un solo profesor que no dijera la frase "el derecho no es dos más dos cuatro". Sin embargo, por mucho que estudiara un bachiller de ciencias, de lo cual no me arrepiento para nada, y a pesar de cambiar de idea en el último segundo, creo que acerté totalmente con la elección de la carrera aunque no sea tan matemática y tan clara como aplicar una ley y listo. Por lo tanto, derecho no ha sido mi vocación desde pequeña pero creo que después de tres años de carrera, veo claro que mi futuro estará relacionado con el Derecho y eso es algo que me hace mucha ilusión.
  •  No era mi primera opción. Mi idea era estudiar Ciencias Políticas, pero el hecho de no poder cursarlo en Mallorca impidió que realizara esta opción, aunque hoy por hoy no me imagino haciendo otra cosa que no sea Derecho


"Flamantes" en tercero


Vocacionales y no vocacionales (con más rotundidad estos últimos) repiten, de forma ampliamente mayoritaria, que su paso por primero fue algo decepcionante o difícil, puso a prueba su decisión de estudiar y conllevó bajas calificaciones o suspensos; que, en segundo, las cosas fueron mejorando; y que, en tercero, poco menos que reciben la revelación: ahora "ven" el Derecho, saben cómo resolver problemas y se encuentran cómodos y motivados; y lo dicen.
  • Si soy sincero, no sabría darle un motivo por el cual elegí esta carrera; si sé que no empecé con muy buen pie, sobre todo el primer semestre, pero ahora no cambiaba esto por nada. A medida que pasan los años, más me gusta y más disfruto estudiando y aprendiendo, y me sentiré muy afortunado de poder dedicarme a este mundo".
  • En el actual curso estoy viendo cómo todo lo aprendido hace que la carrera te guste cada vez más y personalmente este año estoy disfrutando como nunca de estudiar este grado.
  • En lo concerniente al grado de Derecho, estos tres primeros años me han resultado duros pero también sorprendentes. En realidad a mi siempre me han gustado los retos y cuanto más me cuesta algo más me implico y me doy cuenta de que realmente vale la pena. Es cierto que he tenido épocas de bajones con algunas asignaturas porque me han costado más que otras pero con esfuerzo he conseguido sacarlas adelante y el resultado ha sido gratificante para mi. Pienso que mi mayor dificultad durante la carrera es la parte "memorística" de las asignaturas. Al principio cuando decidí estudiar Derecho a todos les sorprenció bastante porque yo siempre he tenido muy mala memoria pero una gran capacidad de análisis por eso me resultaba más fácil estudiar filología pero más gratificante estudiar Derecho. Todas aquellas asignaturas que consistían en memorizar grandes cantidades de texto como por ejemplo el Derecho Constitucional y Teoría General del Derecho me han costado un poco más sacarlas pero en cambio este primer cuatrimestre de tercero me ha ido mucho mejor y he disfrutado más porque casi todas las asignaturas han sido prácticas. Hemos hecho bastantes trabajos y los exámenes no consistían en reproducir de memoria algún apartado del manual sino que han sido casos prácticos.
  • En general no me está yendo mal, los resultados no son malos. Aunque me arrepiento de no haber aprendido más en el primer año y parte del segundo. Con ello me refiero a no haber prestado más atención a la materia, no conformándome con aprobar, o con superar un examen, sino interiorizar la materia y «hacerla mía». Pero tengo claro que todavía estoy a tiempo. El curso pasado ya me di cuenta de ello y por eso creo que cada año o cada semestre que pasa intento mejorar y aprender más (aunque en ocasiones ello no signifique tener mejores resultados académicos)
  • Estoy muy feliz de mi decisión porque cada día que pasa, clase tras clase, esta carrera me gusta más. 
  • La verdad es que me costó elegir la carrera que quería estudiar ... Ahora que ya estoy en tercero me doy cuenta de que escogí correctamente, la carrera me encanta, aunque haya asignaturas que no me gusten nada, hay otras que me apasionan y hasta disfruto estudiándolas.
  • Soy una persona muy aplicada y estudiosa, me gusta el orden y la constancia. Tengo facilidades en cuanto a usar mi memoria, y debo decir que eso en derecho me ha servido mucho. Ahora bien, es cierto que soy una persona más teórica que práctica, pero considero que el esfuerzo es la clave para todo, y poco a poco evoluciono en mi faceta práctica. Este tercer curso de derecho, ha sido más práctico que los dos anteriores y me ha tocado enfrentarme a tareas que han sido más difíciles para mí en cuanto a mis habilidades, pero finalmente me ha ido bien y me he superado a mi misma, gracias al trabajo y duro esfuerzo que le he dedicado. Debo decir, que a pesar de haber tenido más dificultades que los años anteriores para enfrentarme a algunas materias de este curso, todo ello ha constituido un reto, una motivación y al haber superado con éxito este reto me ha permitido sentirme realizada.
  • Siempre he sacado buenas notas en el colegio, pero al empezar el Grado en Derecho pronto me di cuenta de que primero de carrera no era tercero de bachiller… Y, aunque no fue del todo desastroso, lo cierto es que mis notas fueron muy bajas. No estaba motivada, no trabajaba ni me esforzaba, y no me daba cuenta del alcance y la importancia que tiene cursar estudios superiores.Tras dos años de decepciones académicas, decidí dejar de abarcar tantas asignaturas por semestre y limpiar primero y segundo de una vez por todas. Fue el año pasado ... Fue sin duda el mejor año a nivel académico, y supuso el empujón que necesitaba para tomar conciencia de mí misma, de lo que quería hacer y de quién quería ser en un futuro. Y este año estoy aquí, en tercero de carrera, contenta, con ilusión, compromiso y con ganas de seguir adelante y no lamentarme por los errores del pasado, pues gracias a ellos he aprendido.
  • Desde el primer año de carrera estudio en la UIB. Tengo que decir que el primer año me decepcionó un poco ya que no me esperaba que la carrera fuera así y muchas cosas eran nuevas. Pero, a medida que vamos avanzando me gusta más y la encuentro más interesante ... Lo que más satisfacción me produce es ver que lo que estamos aprendiendo sirve para la vida cuotidiana. Cuando la gente conoce que estudias Derecho te empieza hacer preguntas de problemas que tienes. Al principio siempre decía: 'estoy en primero, yo aún no tengo ni idea', pero el año pasado buscaba en los apuntes el caso y lo explicaba aunque claro eso no significa que solo tienen que tener en cuenta mi opinión.
  • Al inicio de la carrera me costó adaptarme a las exigencias universitarias, sin embargo, lo he ido superando y considero que tercero está siendo mi mejor momento.
  • El primer año de carrera no me gustó demasiado; me costaba entenderla y me plantee dejarla. Sin embargo, decidí continuar y probar el segundo curso y entonces ya me gustó, empezamos con Derecho 'de verdad', civil, mercantil... empecé a encontrarle el sentido a la carrera y su utilidad en el día a día. Hoy en día la carrera me gusta mucho, he aprendido muchas cosas y la verdad es que me va bastante bien (estoy muy motivada)
  • Mi interés hacia el derecho no ha hecho más que aumentar, y ya me he visto capaz de solucionar cuatro problemillas básicos de casa en base a mi formación, cosa que considero muy gratificante
  • En cuanto a mi paso por el grado, puedo decir que está siendo más satisfactorio de lo que imaginaba. Llevaba la típica idea de "estudiar Derecho" cuando vienes de bachillerato es empollar y empollar y empollar, y para mi, esa idea ha quedado totalmente apartada de mi mente. Es cierto que estudio más horas que un reloj y que cuesta, pero ver los resultados merece la pena. Me sorprende sobretodo, si miro mi expediente, que al principio del grado, rascaba el cinco y en tercero soy capaz de sacar notables y sobresalientes! Además, estudiar Derecho es más que coger un libro y ponerte a estudiarlo de pe a pa... Bueno, siempre desde mi punto de vista, quizás otro no lo pensará igual!

La reflexión que me provocan estas manifestaciones de los alumnos es que, especialmente en tercero, resulta imperdonable que los profesores, por falta de motivación y/o dedicación por nuestra parte, desaprovechemos la oportunidad de utilizar la propia ilusión y creciente capacidad de los estudiantes como palanca para llevarlos un poco más allá en su proceso de formación. ¿Racanear cuando lees que un estudiante dice que "estoy pasando mucho gusto de estudiar lo que estudio"o que "la carrera me gusta cada día más"?



Materias favoritas


Ninguna sorpresa, nada ha cambiado desde que yo estudié en San Sebastián hace casi cuarenta años: al frente, destacada, Penal. En un segundo plano, Civil. El resto de las preferencias, muy repartidas.

Muchas veces me he preguntado, civilista celoso, por qué esta predilección estudiantil por el Derecho Penal. Probablemente confluyen muchas razones. Los intereses en juego y principios en concurso son más diáfanos y comprensibles para un estudiante que los de otras materias (comparemos mentalmente un debate sobre la pena de muerte y otro, por buscar un tema polémico, sobre la legítima). En Derecho Penal se resuelven problemas, casos, y eso siempre motiva al estudiante. Actividades como la aplicación de circunstancias modificativas, los concursos de delitos o la graduación de las penas tienen una connotación, por emplear un término en boga, "gamificadora", que gratifica con la obtención de la respuesta correcta. La práctica constricción de la materia a un solo texto legal, con una sistemática muy precisa, ayuda a que el estudiante sienta que es un Derecho conmensurable. La presencia del Derecho Penal en los medios de comunicación, la literatura o las ficciones audiovisuales debe de aportar su granito de arena. Termino con una salvedad, por si algún penalista que leyera estas líneas pensara que estoy acusando de simplonería a su materia: soy más que consciente de que la capacidad de abstracción de la dogmática penalista, con la germana al frente, es estratosférica.


Proyección profesional


Pocos estudiantes tienen ya decidido hacia dónde orientar su futuro profesional, pero sí me llama la atención, al menos en comparación de lo que ocurría en mi generación, que es un tema que tienen bien presente -y les preocupa- y que ya están "deshojando margaritas". Asumen, la mayoría, que el grado es una de las etapas de su formación.
Mi principal problema es que ya estoy en una etapa muy avanzada del grado y aún no sé a qué me quiero dedicar ni en qué me gustaría especializarme. Sí tengo claro que al acabar me gustaría seguir formándome todo lo posible.


Trabajo, aficiones e idiomas


Como era esperable, la mayoría de los estudiantes de grupos vespertinos se dedican al estudio como segunda actividad. Lo que me ha sorprendido es la cantidad de estudiantes "de mañana" que, con carácter accesorio, realizan alguna actividad remunerada, sea dar clases de repaso, trabajar unas horas en una tienda o hacerlo en algún establecimiento de hostelería en la temporada estival; aproximadamente la mitad de los estudiantes de los cursos matutinos.

Las aficiones extracurriculares que más suelen mencionar son de carácter deportivo; en segundo lugar, musicales y políticas. 

En lo tocante a los idiomas, con el inglés al frente, no suelen manifestar mucha convicción sobre de sus capacidades, pese a que casi todos ellos están realizando algún curso de inglés (quizás motivados por la exigencia por la UIB de un nivel mínimo como requisito de graduación). Si he de juzgar por lo que los propios estudiantes me dicen, el nivel es preocupantemente bajo. Como digo, se les ve, eso sí, aplicados en mejorarlo.


19 de enero de 2016

Cómo estar al día: recomendaciones para estudiantes del máster de abogacía


¿Por qué  es más importante que nunca que estés al día?


Aunque sea de forma epidérmica, es decir, sin entrar en las razones profundas que explican este creciente dinamismo jurídico (y tecnológico), voy a exponer cuatro razones por las que pienso que "estar al día" ha de constituir especial preocupación para ti, que vas a ser un abogado del siglo XXI y ahora te encuentras cursando el máster de abogacía o acabas de hacerlo.


1. Más legisladores, más "productivos"


Este volumen que se ve a la izquierda del texto es "el Medina y Marañón", la principal (y casi única) fuente de información jurídica de los abogados iusprivatistas hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX. Esta encomiable obra (más info) conoció 12 ediciones entre 1893 y 1964, menos de una por lustro, lo que constituye un indicador de que a los abogados de la época no les resultaba demasiado difícil estar al día.

Pretender que el saber legislativo del abogado del siglo XXI pueda contenerse en una obra de este tamaño que se actualiza cada más de 5 años es irrisorio. No solo se han multiplicado los legisladores (estatal, autonómico, municipal, europeo, internacional...), sino que cada vez son más "productivos"; incluso un campo hasta ahora tan resguardado de la "legislación motorizada" como el Derecho Privado -y su núcleo, el Derecho Civil-, se ha visto inmerso en los últimos tiempos en una vorágine legislativa que no parece que sea un fenómeno pasajero.


2. Una jurisprudencia más protagonista


Si bien la jurisprudencia siempre ha sido un referente básico del abogado, en los últimos tiempos ha ido ganando en protagonismo y en voluntad normativa. Sobran ejemplos de ello, que, por cercanía, extraigo del campo jurídico-privado. Basta comparar, en primer lugar, la infracción de ley o de doctrina legal (que se vino a entender jurisprudencial) como motivo de casación en la redacción originaria de la anterior LEC con el actual 477 LEC, que inclina claramente el fiel de la balanza (el interés casacional) del lado jurisprudencial. Véase, en segundo lugar, cómo la Sala Primera ha asumido, en la forma y en el fondo, que las sentencias del Pleno "dictan Derecho". Añádase la multiplicación de acuerdos no jurisdiccionales, que, además, se orientan muchas veces a reforzar el propio papel normativo de la jurisprudencia (como el Acuerdo de 30/12/2011, que, por ejemplo, considera existente interés casacional cuando hay oposición a una sola sentencia del Pleno). No digamos, finalmente, si se hubiera aprobado el (¿descartado, aplazado, dormido?) el anteproyecto de ley de reforma de la LOPJ que introducía, entre otras cosas, la llamada "doctrina jurisprudencial vinculante". 

A todo esto, súmale la multiplicación de jurisprudencias, más allá de la del Supremo: TC, TSJs, TEDH, TJUE, etc.


3. Unas tecnologías en incesante evolución


Sin necesidad de adentrarnos en la prospectiva de la robótica jurídica, parece fuera de toda duda que ningún despacho podrá sobrevivir en el siglo XXI sin un notable (es decir, no meramente aprobado) dominio de las herramientas digitales, redes incluidas. Y estas dichosas herramientas evolucionan que es un primor, lo que obliga a que esta competencia se mantenga viva, en continua actualización (y, probablemente, exploración). En suma, tienes que estar actualizado en aquellas nuevas tecnologías que te ayudan a estar actualizado en Derecho


4. Un cliente más "enterado"


En el siglo pasado, el cliente del abogado, como el paciente del médico, acudía al despacho o consulta con un escasísimo conocimiento de su problema (ni tenía un "Medina y Marañón", ni sabía por dónde cogerlo). Internet -y Google, su leal servidor- han obrado el milagro de que los profesionales liberales tengan que vérselas con creciente frecuencia con usuarios "enterados", que, cuando menos, han oído campanas acerca del último o penúltimo desarrollo médico o de cómo debe procederse a desahuciar a un arrendatario que no paga. Este usuario, aunque solo sea con la finalidad de que desaprenda lo que ha aprendido mal, exige del profesional algo más que generalidades: exige respuestas que no tengan un menor nivel de concreción y verosimilitud que las que él ha encontrado en la red. Y para eso, hay que estar a la última.



Conclusión


Es estresante, sí, pero debes asumir que la actualización, el aggiornamento, es actitud y aptitud imprescindible en cualquier abogado que deba trabajar en un mundo en el que las fuentes de producción de Derecho son tan complejas como fecundas y los clientes llegan informados a los despachos.

Por eso, resulta un tanto anticuado y estrecho que la primera competencia del abogado que, según el RD 775/2011, debe obtenerse en el postgrado sea aquella que permita "aplicar los conocimientos académicos especializados adquiridos en el grado a la realidad cambiante a la que se enfrentan los abogados", como si no fueran cambiantes también los "conocimientos académicos especializados adquiridos en el grado". Y eso mismo debería servir, dicho sea de paso, como argumento para que los profesores nos liberáramos de nuestra obsesión enciclopédica por la minucia normativa en favor de un mayor énfasis en las estructuras, las tendencias y las habilidades; y es que lo que prepara a los estudiantes para el cambio no es aprender mucho; es aprender menos para aprender mejor.

La actualización tiene dos facetas. La primera, llamémosle ad casum o reactiva, consiste en la capacidad de encontrar y emplear la información más actual para resolver el problema que tenemos sobre la mesa; a ella me refiero en el apartado "Buscar y emplear información al día". La segunda, que bien podría denominarse, preventiva o proactiva, consiste en mantener al día nuestro saber jurídico personal, enterarse de qué está pasando aunque todavía no nos afecte; se trata de "Permanecer al día".


Buscar y emplear información al día


Mis recomendaciones:
  1. Al emplear textos legales, comprueba siempre que manejas la última redacción; te pueden servir los indicadores tipo "banderitas" que hay en las bases de datos, las estupendas versiones del "Texto Consolidado" del BOE,  la "Última versión consolidada" en EUR-Lex, etc.
  2. ¡Ojo!, eso sí, con "pasarse de estación": los sucesivos cambios legislativos presentan frecuentes problemas de "transición legislativa", así que atiende al calendario y comprueba si es de aplicación alguna regla de Derecho Transitorio.
  3. Aprende a manejar a fondo, con todos sus "trucos" y "atajos", al menos una base de datos de jurisprudencia (de pago o CENDOJ). Para profesionales del Derecho, diseñar bien una búsqueda jurisprudencial es, en mi opinión, habilidad reina de entre las digitales.
  4. La doctrina puede ofrecerte información y propuestas que te resulten de utilidad. Para encontrar la última doctrina sobre determinada materia, recomiendo Dialnet y, supletoriamente, Google Académico.
  5. Gran parte de la doctrina todavía se publica en papel y solo en papel. Averigua cómo funciona y de qué fondos dispone la biblioteca de tu despacho o de tu colegio. Averigua lo mismo, también, de la Facultad de Derecho más cercana; muchas bibliotecas universitarias permiten la consulta en sala sin necesidad de justificar la condición de estudiante.
  6. ¡Y cuidado siempre con Google! Junto a sus virtudes se encierran "tenebrosos peligros" como puede ser el de emplear fuentes temporal o territorialmente inapropiadas o cualitativamente deficientes. 

Permanecer al día


"Estar al loro", conocer las últimas tendencias, resulta útil a la hora de seleccionar estrategias o argumentos en cualquier conflicto jurídico, más allá de la investigación concreta que se lleve a cabo sobre su temática. Además, "estar a la última" puede constituir una distinción de calidad frente a los usuarios, cuando no la oportunidad de convertir en cliente a quien nos escucha opinar sobre los últimos desarrollos del Derecho.

Naturalmente, las estrategias y, sobre todo, las fuentes para permanecer al día dependen del grado de especialización que alcance tu práctica profesional; difícilmente compartirán fuentes el abogado "para todo uso" y aquel especializado en propiedad industrial, por ejemplo.

Aquí van mis recomendaciones:
  1. Sé siempre muy selectivo (y más respecto de las redes sociales): si una fuente te resulta insulsa, de bajo nivel o meramente repetitiva, prescinde de ella para que no ocupe ni tu espacio ni tu tiempo. Si se te acumulan demasiadas lecturas, limpia y restringe tu selección. No es casualidad que esta sea mi primera recomendación...
  2. En reciprocidad, explora constantemente nuevas fuentes (en muchas ocasiones, a partir de referencias o enlaces contenidas en las que manejas).
  3. Ordena tus lecturas, tu ordenador (es decir, los documentos que te descargas para leer) y tus favoritos en el navegador o en el agregador de entradas (es decir, los recursos web que marcas como fuentes de interés).
  4. Selecciona y emplea, cuando las hay, herramientas de tecnología push, que no te obligan a "ir a mirar si hay algo nuevo" sino que te lo remiten por distintas vías. Más sobre ellas en las cuatro siguientes recomendaciones. Aquí solo un consejo transversal: de una manera u otra, incluye entre tus fuentes a las instituciones que organizan conferencias, ciclos, cursos, etc. sobre Derecho (y alrededores): tu Colegio, la Escuela de Práctica Jurídica, la Facultad de Derecho, etc.
  5. Introduce alertas que te adviertan de novedades en los servicios que lo permiten, como, por ejemplo, BOE (alertas de legislación y más), Dialnet (alertas de salida de nuevos números de las revistas periódicas), etc.
  6. Suscríbete a Boletines Informativos por correo electrónico (newsletters) que te resulten de interés (por ejemplo,  Newsletters del Consejo General de la Abogacía Española).
  7. Emplea Twitter (uso pasivo, me refiero, como herramienta de información y no de visibilidad y contacto). Una buena selección de usuarios a seguir te permite tanto obtener información concreta que puedes ser relevante o sugerencias de fuentes a seguir como, en no menor medida, identificar tendencias y problemas emergentes. Para ello, tiene dos virtudes: que los tuits son necesariamente concisos (140 caracteres) y que puedes leerlos en pequeños momentos libres en tu móvil (por ejemplo, en el transporte público). Para adaptar la lectura de tuits al tiempo de que dispongas, te sugiero que crees una lista de favoritos (oculta, si quieres evitar ofender a quienes sigues y no incluyes en la lista) y que, en función de lo que te reclame el reloj, leas todos los tuits de tu cuenta o solamente los de tu lista de favoritos. Aquí tienes un ranking de las cuentas jurídicas más seguidas que te puede servir para ir formando tu primera selección (y recuerda la primera de mis recomendaciones de esta lista).
  8. La provincia jurídica de la web y, en concreto, de la blogosfera es cada vez más rica. La mayoría de las fuentes permite el seguimiento de las nuevas entradas o noticias a través de agregadores de entradas. Yo empleo Netvibes, pero existen otras herramientas parecidas, todas de carácter gratuito, como Feedly, Inoreader, etc. (incluidos muchos programas de correo electrónico). Este directorio te puede servir para una primera selección.
  9. Visita periódicamente BOE o aquel boletín que, por razón de tu práctica profesional, pueda interesarte; a no ser que estés seguro de que el resto de las fuentes que empleas hace prácticamente imposible que se te escape alguna novedad legislativa.
  10. Visita periódicamente  la jurisprudencia, en función de la materia a que te dediques y de la probabilidad de que el resto de fuentes que emplees hagan probable o no que se te escape alguna sentencia importante. A efectos de hacer una lectura selectiva, recomiendo estas alternativas: a) Leer exclusivamente las sentencias del Pleno (Civil) (en CENDOJ, seleccionar Sección 991); b) Leer las 50 últimas sentencias en CENDOJ; c) Leer la Crónica anual de jurisprudencia por Salas elaborada por Gabinete Técnico del TS; d) Leer otras crónicas (por ejemplo, los Casos de Derecho de Daños que publica anualmente, acumulando los de años anteriores, InDret).
  11. Visita periódicamente la página de iniciativas legislativas del Congreso y/o del órgano legislativo que sea de tu interés para comprobar si se cuece alguna novedad que te convenga ir estudiando; mismo comentario respecto de la posibilidad de prescindir de esta lectura si el resto de fuentes  te proveen de información suficiente sobre proyectos legislativos.



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Sobre "el Medina y Marañón"


"El Medina y Marañón"(como también ocurre con "el Aranzadi" -o "los Aranzadis"- y, quizás en menor medida, "los Castanes") ha sido durante buena parte del siglo XX, dejando aparte su utilidad, emblema de lo jurídico, representación visual de la abogacía. Así lo cuenta Azorín en Clásicos y modernos, con un punto de sorna (que se explica porque quiere oponer la aridez de esta obra a la calidad de una antología literaria escrita por Medina; versatilidad que, por otro lado, sorprende a Azorín, que piensa que "parece como que el ejercicio de la abogacía está reñido con las especulaciones estéticas; diríase que hay en esta profesión algo que lleva a los que la practican a cierto estado de abstracción, de aridez, de rigurosidad incompatible con la sutilidad y libertad del arte y de las humanidades" ):
"Medina y Marañon: he aquí dos nombres que han llegado a ser uno solo, y popularísimo, en Universidades, Tribunales, bufetes de abogados y dondequiera que bullan y charlen jurisconsultos, aprendices de jurisperitos, procuradores, escribanos y demás grey pobladora de covachuelas, salas y estrados. Medina y Marañón: ¿quién de nosotros no ha visto -algunas veces con espanto- estos gruesos, panzudos volúmenes, con cubierta verdosa, azulada o bien encuadernados en pasta flexible y con los recios cantos pintados con anchas rayas rojas, amarillas y verdes? Medína y Marañón; allá por mayo, cuando los días son alegres, claras las mañanas, aromando el aire, cargado de perezas y voluptuosidades el ambiente, ¿qué secreto terror no han inspirado a nuestra mocedad estudiantil esos gruesos volúmenes que sobre la mesa esperan a ser hojeados, estudiados? (...) Nada más distante del arte, vario, libre, humano y ancho, que estos libros en que se encierran los códigos, los procedimientos judiciales, la seca, árida y horripilante legislación hipotecaria".

"El Medina y Marañón" -en realidad, MEDINA, León/MARAÑÓN, Manuel, Leyes Civiles de España- nació en la imprenta Manuel Tello (luego Viuda de Tello e Hijos) en 1893, es decir, pocos años después de que viera la luz el propio Código Civil. A partir de los años veinte o treinta, la edición correspondió al también centenario Instituto Editorial Reus.

Manuel Marañón y Gómez-Acebo no tiene voz en Wikipedia, pero sí dedicada, al menos, una calle de Madrid. Natural de Santander, fue abogado en Madrid, diputado en Cortes y miembro de la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia, además de padre del conocido médico, escritor e investigador pluridisciplinar, Gregorio Marañón.

Poco he podido averiguar en mi búsqueda (cata de Google, para ser sinceros) sobre el otro miembro del dúo de autores. León Medina publicó algún ensayo literario y las "Frases Literarias Afortunadas" a que alude Azorín en el texto que antecede, que, en separata, tuvieron alguna difusión y son citadas, por ejemplo, por Iribarren en El porqué de los dichos.







Aunque Leyes Civiles de España tuvo "hermanos pequeños" penal, administrativo, fiscal y social, es la legislación civil la que más difusión ha tenido. En la edición de 1949, que es la que tengo en mis manos, se incluyen Código Civil (que incorpora el Apéndice del Derecho Foral de Aragón), Código de Comercio, Reglamento del Registro Mercantil, Ley Hipotecaria y su Reglamento, Ley de Enjuiciamiento Civil y los aranceles registrales, notariales y judiciales. También se incluye un "Apéndice, por orden cronológico, de las Leyes, Decretos, ördenes, Reglamentos y Circulares de más frecuente aplicación en los tribunales ordinarios" y un pequeño repertorio bibliográfico que, como curiosidad simpática, incluye el precio en pesetas de las obras relacionadas. Los textos se acompañan con pequeños extractos jurisprudenciales colocados en notas a pie de página, que, según se indica en la portada, son obra de autores de la importancia de Garrigues, Castán, Prieto Castro, Roca Sastre o Batle.

"El Medina y Marañón" encierra también una "joyita": unos "Principios de Derecho consignados en los Códigos romanos, en las Partidas, en el texto de las Decretales y en las sentencias del Tribunal Supremo de Justicia", resumidos en doce páginas, distribuidos por materias. Escarmentado por mi experiencia estudiantil de haber tenido que soportar dos o tres clases de Derecho Civil dedicadas a discutir los pormenores de su condición de fuente del Derecho sin que fuera capaz de entender de qué me estaba hablando el profesor, por lo demás, competente y abnegado, he solido ofrecer a los estudiantes copia parcial de estos "Principios" para que, cuando he tenido que explicar el tema, coligieran cómo es un principio general de Derecho, antes de adentrarse en su naturaleza jurídica.

11 de noviembre de 2015

Seis sugerencias metodológicas para jóvenes investigadores/as del Derecho (con su puntito de heterodoxia)

En esta entrada, reelaboro el contenido de la sesión inaugural del máster de Investigación Jurídica que impartí en la Facultad de Derecho de la Universidad de Murcia el pasado 14 de octubre.
En un rapto de último momento, he decidido "rebajar" el título de la entrada, de "recomendaciones" a "sugerencias", para atenuar cualquier connotación prescriptiva y resaltar, en cambio, mi deseo de suscitar la reflexión.
Las bandas de dibujos proceden del divertido phdcomics y son obra de Jorge Cham.



Premisa: ineluctable t


No, no podrás vencer contra t, el tiempo; podrás esforzarte para emplearlo eficientemente, pero es, inexorablemente, un recurso finito. Solo lo puedes estirar (y doy fe de que los investigadores lo hacen si nos atenemos a la frecuencia con la que se oyen o leen en las tesis doctorales expresiones de agradecimiento a los allegados por el tiempo robado). Pero t "se acaba acabando", sea porque llega un plazo perentorio, sea porque otra tarea más urgente nos apremia.

Debido a las estrecheces de t, si eres un investigador ambicioso (pienso que acabo de incurrir en una redundancia), vivirás ¡toda tu vida! en un tira y afloja perpetuo entre tus distintas responsabilidades y estímulos (docencia, gestión, profesión, investigación, etc.). Más aún, tendrás que administrar el "malestar investigador" (¿está inventado el término?; quizás es un subproducto del estrés), ese desasosegante sentimiento de que podrías alcanzar cotas más elevadas de excelencia si no fuera por el dichoso t.


Advertencia importante; saltártela puede perjudicar tu salud (quiero decir, tu carrera investigadora)


Si t es un recurso escaso, eso significa que tendrás que tomar decisiones, aplicar tijera, descartar unos usos y priorizar otros, escoger y, por tanto, renunciar. Para hacerlo, simplificando un poco, puedes adoptar dos metros:
  • El metro egoísta o del homo œconomicus (investigador egoísta o sciscitator œconomicus, por seguir jocosamente con latinismos): se trata de aplicar t a aquellas actividades que resulten más útiles para cumplir el objetivo del investigador que no es otro que progresar en su carrera, para lo que resulta imprescindible permanecer atento a las instrucciones provenientes de los órganos o personas que administran las decisiones-hito de la carrera: sexenios, acreditaciones, etc. Por ejemplo, entre escribir dos artículos de 12 páginas o uno de 24, hay que elegir lo segundo; si escribimos un libro, mejor que no sea muy largo; reediciones de nuestra obra: no compensan; asuntos de demasiada actualidad: administrarlos con prudencia, no vaya a ser que se tengan por meramente divulgativos; esta revista tiene más impacto que aquella otra, etc.; en definitiva, estoy definiendo al investigador-económetra, una especie de académico distinta, hay que admitirlo, a la de nuestros referentes históricos (pongamos De Castro, para un civilista).
  • El metro social, que privilegiaría aquellas actividades que mejor sirvieran para cumplir la función social de la investigación jurídica (tomo la expresión del muy recomendable Perspectivas de la ciencia jurídica en Alemania, un informe del Consejo de la Ciencia alemán sobre el papel de la academia jurídica [inglés /alemán]).   

No quiero incurrir, con todo, en maniqueísmo: por supuesto que caben estrategias conciliadoras de ambos objetivos -el personal y el social-. Cabe, por ejemplo, dedicar t hasta completar el número de aportaciones necesarias para obtener un sexenio y emplear más "liberalmente" el resto de t para otros menesteres investigadores de menor "rendimiento bibliométrico". Por mencionar un ligero inconveniente: en la evaluación de la investigación jurídica no se aplican los criterios meramente cuantitativos de otras ciencias, por lo que, al final, el investigador-económetra no tiene otro remedio que "sobreproducir" para reducir los riesgos a su mínima expresión.

Pues bien, ahora viene mi anunciada advertencia: las sugerencias que siguen (y las primeras de ellas en especial), se dirigen a investigadores que se rigen, total o parcialmente, por el segundo de los metros mencionados y su seguimiento puede perjudicar a los que opten estrictamente por los parámetros economicistas.

Hecha la advertencia y salvada, por tanto, cualquier responsabilidad, vamos con las sugerencias.


1. Estudia más


En el terreno científico se escribe mucho, cada vez más; por ejemplo, solo en revistas científicas con sistema de revisión por pares, se publican cada año más de un millón y medio de artículos y la tasa anual de crecimiento hace que la cifra se duplique cada veinte años. Sin necesidad de datos estadísticos, cualquier observador medianamente atento podrá llegar a parecidas conclusiones respecto de la producción jurídica española.

Y, sin embargo, en términos relativos a la producción científica, se lee poco y, cuando se lee, se lee mal.

Los estudiosos de la lectura científica coinciden en señalar las reducidas cifras de lectura de los artículos científicos, aunque haya cierta discusión sobre los datos exactos: entre estos, por ejemplo, que solo la mitad de los artículos científicos son leídos por alguien que no sea su autor, revisores o editores, que solamente el 20% de los artículos de Humanidades y 2/3 de los de Ciencias Sociales son citados al menos una vez en los cinco años que siguen a su publicación, que el promedio de lectores por artículo científico es de 10 o que los jóvenes investigadores leen menos que sus mayores, consecuencia, probablemente de que, en su caso, el "publish or perish"(publica o muere) debe entenderse en términos estrictos de supervivencia. Como dice esta simpática entrada de blog: "Profe: nadie le está leyendo". "Y, profe -añadiría yo-, ni siquiera cuando le leen, le leen del todo": en un estudio, el 60% de los investigadores reconocieron que no habían leído completo el último artículo "importante" que habían leído.


No solamente se lee poco dentro de la comunidad científica sino que gran parte de la lectura obedece a la motivación "leer para publicar" y no poca de ella a la más espúrea de "leer para citar", algo que difícilmente podríamos catalogar como lectura. Según un estudio, el 80% de las obras citadas no han sido, en realidad, leídas. Cualquiera de nosotros, cuando se ha visto citado, ha tenido frecuentemente esa misma impresión. Más aún, me atrevo a dar un consejo a los doctorandos preocupados por las omisiones bibliográficas: duele mucho más cuando uno se encuentra citado, pero el autor desatiende el contenido más original, polémico y sugerente de la obra referenciada, que cuando se produce una omisión en bruto, que cabe achacar a un lapsus o a dificultades de acceso; vamos, que mejor no citado que citado y desperdiciado.



Todo esto es lógico: para el homo œconomicus, movido por el lema "publish or perish (publica o perece)la lectura-estudio es una pérdida de tiempo, t. Es más rentable leer para publicar y más aún leer lo justo para citar.



Sin embargo, la falta de estudio, de lecturas "no finalistas" o, si se prefiere, movidas solamente por el deseo de saber y aprender daña esencialmente la función social de la investigación. Ahora más que nunca, la sociedad precisa que la investigación jurídica se oriente hacia visiones de conjunto, la identificación y valoración crítica de tendencias o la propuesta de metaconstrucciones (ver, por ejemplo, el antes citado Perspectivas de la ciencia jurídica en Alemania); y eso difícilmente se puede conseguir con la lectura epidérmica y cantonalizada a que me he referido.



En aras de alcanzar cierto grado de conciliación entre la conveniencia de estudiar más y la de proseguir una razonablemente exitosa carrera investigadora, te propongo aquí dos estrategias que consumen una cantidad razonable de t:

  • Mantén siempre "en cartera" cuatro o cinco "áreas de interés", aunque no tengas la intención inmediata de publicar sobre ninguna de ellas. Sin llegar al multitasking más extremo, puedes ir intercalando las lecturas sobre uno u otro de los temas escogidos y sobre aquel que destines a una publicación: estudios psicológicos demuestran que esta intermitencia no solo no es negativa, sino que favorece la creatividad (¡ay, la creatividad!; de eso hablamos enseguida...).
  • Rásguense las vestiduras los clásicos, pero el seguimiento selectivo de las redes sociales (blogs, Twitter, Academia, etc.) constituye, sí, una forma de estudio, a combinar, claro está, con lecturas más detalladas y reposadas; aunque sea con pequeños trazos, al modo de las pinturas impresionistas, las redes sociales te permitirán adquirir una visión de conjunto de lo que "se cuece" en la vida y doctrina jurídicas.





2. Escribe menos (poco y bueno)


Si se ha multiplicado la producción científica y tenemos tan poco tiempo para leer (30 minutos por artículo, dicen), lo lógico sería que se exigiera o, al menos, se premiara la concisión, la capacidad de síntesis (sí lo hacen, por ejemplo, revistas como Nature o Science, que limitan la extensión de los artículos a ¡6 páginas!). Pues no, todo lo contrario: por cumplir las exigencias de los procesos de evaluación, inevitablemente cuantitativos, o de ciertas tradiciones (como las 400 páginas de una tesis doctoral, que espero que hoy en día sean ya solo 300), lo cierto es que te verás apremiado a añadir más páginas, más citas...; obiter dictum: el carácter crecientemente electrónico de las publicaciones, al perderse el contrapeso del coste del papel, hace poco por la necesaria contención de la producción científica.

Por si no quieres acometer heroicidades, también aquí te voy a proponer un par de medidas más "digestivas" que optar siempre por escribir lo más corto posible:
  • En la medida en que lo permitan las normas editoriales a que esté sujeta tu obra, desvía todas las divagaciones o pormenores superfluos a las notas a pie de página o a cajas sangradas de fuente más reducida; de esta manera, permitirás al lector que lo desee una lectura más directa del núcleo de tu aportación.
  • El sumario, en los artículos de revista, y las conclusiones, en las tesis, constituyen habitualmente un antipático cometido que emprendes cuando, ya bastante ahíto de tu propia investigación, estás deseando cerrarla; además, al ser la tarea final, es la que más probablemente acabe comprimida por los inexorables plazos de entrega; por todo ello, sufrirás la tentación o necesidad de escribirlas de manera rápida y descomprometida, cual si se tratara de un mero formulismo burocrático. Sin embargo, lo previsible es que cada vez haya más lectores que, atosigados por la ingente producción científica y el poco tiempo que hemos visto que tienen disponible para la lectura, empleen dicha síntesis como elemento para la toma de decisión sobre si leer o no la obra o, incluso, como única pieza de información (en algunos campos científicos, los sumarios son objeto de recopilación específica y muy preciada; véase, por ejemplo, Chemical Abstract Services). Lo primero que te propongo, por tanto, es que, pese al cansancio o hastío acumulados y a las urgencias, cuides al máximo esta síntesis; y lo segundo, que, para que el lector vea cuál es exactamente tu aportación original, menos de la mitad del texto vaya encabezada con "nos ocupamos de", "trata de" o similares y, por el contrario, más de la mitad sea precedida por verbos más asertivos como "proponemos", "criticamos", "sugerimos", "recomendamos", "descubrimos", etc. Con esta consideración, el sumario o conclusiones dejan de ser un mero formalismo para convertirse, por el contrario, en una auténtica "prueba de fuego", para ti, de que tu investigación merece ser publicada.


3. Aporta



Aportar, es decir, incrementar nuestro acervo jurídico, debería ser tu guía a la hora de elegir tema, método de investigación y forma de divulgación de los resultados. Si no hay originalidad, si hay mera descripción, no estás haciendo investigación. ¿Qué aporto, qué digo que sea nuevo, original?, esta ha de ser tu constante preocupación (y la pregunta a la que has de ser capaz de responder en no más de tres minutos).

Bien, es un primer e imprescindible paso; pero puede que tu vocación por aportar te lleve a hacerte más preguntas. En función de tu área de conocimiento y del tema de la investigación, pueden ser destinatarios de tu trabajo no solo la academia sino también jueces, abogados, políticos, funcionarios de la Administración y hasta ciudadanos bien informados. Esta riqueza de intereses no siempre ha sido correctamente explotada por la doctrina, que ha privilegiado los trabajos de-académicos-para-académicos. Te expongo un crudo argumento para explicarte por qué creo que sería preferible, para cumplir la función social de la investigación, diversificar y ampliar más nuestra diana y, con ello, los modos de hacer investigación (y de evaluarla): que haya en España miles de profesores dedicados a la investigación jurídica no es el resultado de una elevada valoración social de este campo científico, desengáñate; se debe exclusivamente a que la carrera de Derecho sigue concitando el interés de nuestros jóvenes y justificando, con ello, la existencia de muchas plazas de profesor-docente. La labor investigadora de los juristas, pese a los aires que nos damos, está mucho más huérfana de fundamentación (heterofundamentación) de lo que parece. 

Por otro lado, como señalan R. y D. SUSSKIND en su reciente libro The future of the Professions. How Technology will transform the work of Human Experts, una de las características del proceloso devenir de las profesiones -y la de investigador jurídico lo es, por más que nos sintamos protegidos por el manto protector de nuestra condición funcionarial- es la de la diversificación; no debe pretenderse, por tanto, que todos los investigadores abandonen la investigación más clásica y escolástica, pero sí debemos conceder que no tiene sentido (léase utilidad social) que todos los miles de profesores de Derecho se dediquen clónicamente a ella.

Te señalo, entonces, algunas vías de diversificación de la investigación jurídica, con la advertencia de que la mayoría de ellas, pese a su indudable interés social, se encuentran actualmente infravaloradas:
  • Investigación interdisciplinar "extrajurídica". A riesgo de que te digan que no haces investigación jurídica, hace tiempo que resultan muy fructíferas las investigaciones que conectan Derecho y Economía y, ¡cómo no!, Derecho y nuevas tecnologías. Más recientemente, la Psicología ha reclamado con fuerza su puesto como pareja de baile del Derecho, por ejemplo, en el análisis de los sesgos en las decisiones jurídicas o de la psicología social de los movimientos de reforma del Derecho, como el llamado "populismo punitivo". Son solo algunos ejemplos, que me sirven para volver a advertir de que un investigador-económetra difícilmente concluiría que los esfuerzos que exige dominar mínimamente la rama extrajurídica compensan los resultados en el escalafón de su disciplina. 
  • Investigación interdisciplinar "intrajurídica". La superación de los límites de tu área de conocimiento es cada vez menos una aventura y cada vez más una necesidad. Los cambios sociales y tecnológicos y la legislación motorizada y, muchas veces, precipitada exigen una continua remodelación de los fundamentos jurídicos subyacentes que rara vez puede realizarse desde el seno de una sola área de conocimiento. La movilidad incesante del marco jurídico y la eclosión constante de nuevos problemas obligan a emplear analogías de largo alcance, que cruzan las fronteras de las disciplinas. Con el descargo de que lo cito como ejemplo de problema multidisciplinar (y porque es breve) y no como modelo de análisis, véase mi entrada en Zona Responsabilidad Civil: "Las desventuras jurídicas de Dolores Vázquez. Reflexiones sobre la responsabilidad del Estado por prisión preventiva y sobre eficacia retroactiva de la jurisprudencia". 
  • Investigación empírica. La mayor parte de la investigación jurídica es especulativa; los datos legales o jurisprudenciales no se analizan en cuanto tales sino como fundamento del razonamiento especulativo del autor. En cambio, la investigación empírica, que es metodología habitual en otras de las ciencias sociales, se basa en la observación de datos (en su caso, resultantes de un experimento previamente diseñado) y su análisis cuantitativo y cualitativo. Si, como hicimos con el método sociológico, los iuspositivistas no lo abandonamos en manos de los filósofos del Derecho, también puede resultar un método investigador muy útil en campos como la política legislativa,  los métodos alternativos de resolución de conflictos o los análisis de legal compliance o cumplimiento normativo en empresas o instituciones. A modo de  cata o degustación, puedes examinar este artículo, no demasiado complejo, sobre las indemnizaciones punitivas en Estados Unidos, que realiza un análisis cuantitativo de 507 sentencias. Sabiendo que Harvard Law School tiene un Servicio de Investigación Empírica, tal vez te apetezca explorar este blog,  la revista Journal of Empirical Legal Studies o este artículo, que define muy atinadamente las ventajas y los obstáculos del método empírico en Derecho.
  • Innovación. Hace mucho tiempo ya que la I de Investigación viene acompañada habitualmente de otra I, de Innovación (I+D+I; la D es de "Desarrollo"). Innovación, tal como la define la RAE, es la"creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado", aunque es habitual entender "producto" en su sentido más amplio: no solo una cosa, sino también un servicio o un procedimiento. Pues bien, ¿caben nuevas formas de prestar servicios jurídicos? ¿Quién lo duda? No solo caben: deben. ¿Han de tener protagonismo o presencia en su diseño los investigadores jurídicos? Así lo creo: que la innovación esté frecuentemente abocada al mercado (no siempre; también los servicios públicos necesitan innovación ¡y mucha!), lejos de retraernos, debería servir para lamentar que no dispongamos de un indicador equivalente al de las patentes o modelos de utilidad de que disponen los científicos experimentales. Si quieres analizar los campos de innovación que presentan los servicios jurídicos del siglo XXI, siempre en combinación con las nuevas tecnologías, puedes leer el libro de R. SUSSKIND, Boletín de Términos y Condiciones, que monitoriza e identifica automáticamente cambios en las condiciones generales de los prestadores de servicios de la Sociedad de la Información. Además del propio laboratorio que tiene esta última web, puedes visitar el Laboratorio Jurídico-Empresarial de la Universidad de Zaragoza o las iniciativas privadas LegalitasLab de Legalitas o el Laboratorio Jurídico de Abanlex.

No he terminado con el capítulo "Aporta", pues me sirve también para realizar una sugerencia sobre una duda que te acometerá con toda seguridad: ahora que ya he estudiado y publicado sobre x, ¿debo seguir trabajando sobre ello o es preferible que cambie radicalmente de tercio? Como homo œconomicus, habrías de optar por lo segundo, lo que te pondría a salvo de la minusvaloración que padecen segundas obras sobre parecida temática y no digamos ya las reediciones; y, además, cumplirías con ese parámetro no escrito, endémico, si no me equivoco, de las ciencias jurídicas, de que cuantas más materias hayas "tocado", mejor. Y, sin embargo, ahora más que nunca, la sociedad (los servicios de comunicación de las universidades, desesperadamente ;-) ) precisa de investigadores-observadores, que sigan un tema, permanezcan siempre actualizados y puedan intervenir con prontitud en el debate público (sobre esto, punto siguiente). En definitiva, si el tema sigue abierto, aportas si permaneces al día y vigilante, si revisas y actualizas tus conclusiones, si te haces, a medio o largo plazo, responsable de tu asunto.


4. Comparte


Parece obvio que el ideal del investigador es compartir de la manera más amplia posible los resultados de su investigación (salvo cuando admiten otras formas de explotación, como las patentes, pero eso es otra historia...); pero el empeño divulgador tiene su coste (en t y/o en pérdida de oportunidades). Por otro lado, en un mundo 2.0, el momento "investigación" y el momento "divulgación de los resultados de la investigación" cada vez se presentan menos diferenciados: la investigación nace abierta (Open Science es la expresión escogida por la Comisión Europea para definir el fenómeno que, con sus luces y sus sombras, se analiza en este documento).

Si quieres que tu investigación se alinee con los parámetros de la Ciencia Abierta, aquí tienes un par de sugerencias:
  • Si es posible, publica en revistas de acceso abierto (o, subsidiariamente, deposita tus publicaciones en el repositorio de tu universidad, siempre que queden a salvo los derechos del editor). Indret  te puede servir como ejemplo de buena revista que está disponible en acceso abierto. Respecto de esta recomendación de usar medios de acceso abierto, los intereses del homo œconomicus y los del investigador preocupado por la función social de su trabajo, mira por dónde, convergen: la mayor parte de los estudios revelan que la publicación en revistas de acceso abierto aumenta las citas (aquí para revistas jurídicas americanas).
  • Dedica un tiempo razonable a divulgar los resultados de tu investigación en los medios o las redes sociales. Participa en los debates abiertos sobre tu materia. Es verdad que, en estos momentos, esta labor apenas tiene reconocimiento, pero, como se puede ver en el prudente documento de la Comisión Europea a que me acabo de referir, es palpable, en una ciencia abierta, la necesidad de corregir las actuales métricas de la investigación (citas e impacto de la revista, es decir, productividad bruta) y de complementarlas con métricas que atiendan más al impacto social de la investigación (altmetrics). Pueden llamarte la atención, como referentes, algunas plataformas dedicadas específicamente a esta difusión de los resultados de la investigación, como Project Syndicate o The Conversation.
  • Aprovecha las herramientas tecnológicas para establecer contactos o buscar colaboraciones. No es necesario que llegues al nivel de colaboración abierta de proyectos como The History Manifesto o de la llamada "publicación incremental", pero estoy seguro de que en los próximos años se producirán muchos avances en esta línea (un campo abonado para la innovación a que antes me he referido).


5. Diseña tu "cocina"


Aprovecha los primeros años de tu vida académica para diseñar tu "cocina" de investigador, es decir, para conocer y seleccionar aquellas herramientas básicas que vas a emplear en tu futuro desempeño.

Escoge tu programa de tratamiento de textos (o LaTeX si eres muy valiente) y define tu plantilla (incluyendo la siempre complicada decisión sobre la enumeración de las subdivisiones), por más que luego muchas publicaciones te exijan formatos específicos. Es el momento también, de empezar a definir tus estrategias de empleo de las herramientas de comunicación, como el correo electrónico, o de organización de archivos.

Si aceptas mi recomendación de participar en las redes sociales, puedes hacerte las consiguientes cuentas (para mí, Twitter, Academia y las necesarias para participar en la blogosfera son las más interesantes para un investigador académico; Linkedin y Facebook, por este orden, me parecen menos útiles).

Especial atención merecen las herramientas que emplearás para la búsqueda de información, que son hoy la parte central de la "cocina" del investigador. No te aburro con historias "de abuelo Cebolleta" sobre cómo se desarrollaba esta tarea en "la edad del Papel", con sus fichas manuscritas y fotocopias racionadas; Internet lo ha cambiado todo, felizmente. Voy a ordenarte mis recomendaciones al respecto usando precisamente una distinción característica de la red en cuanto al modo en que se produce el contacto entre el usuario y la información: de un lado está la tecnología pull, que despliega la información a solicitud del usuario y es la que empleamos habitualmente cuando navegamos por Internet (con la excepción de banners e intersticiales); de otro, la tecnología push, que hace que la información llegue al usuario de forma automática, sin solicitud expresa por su parte, como ocurre, por ejemplo, con las notificaciones de nuestro correo electrónico o las que recibimos, de múltiples aplicaciones, en nuestro móvil.

Entre las tecnologías push que puedes incluir en tu "cocina", te recomiendo:
  • Twitter y Academia, entre las redes sociales que te permiten seguir las novedades (micronoticias, en la primera; publicaciones, en la segunda) de aquellos investigadores que te resulten especialmente atractivos.
  • Cualquier agregador de entradas que te permita recibir automáticamente novedades de todos los blogs o sitios web que tengan activado el RSS. Yo empleo Netvibes, pero existen otras herramientas parecidas, todas de carácter gratuito, como Feedly, Inoreader, etc.
  • Newsletters o correos de noticias, como, por ejemplo, los de Iustel o DerechoTics.
  • Notificaciones sobre la publicación y contenido de nuevos números de revistas, que pueden programarse en servicios como Dialnet o Google Scholar.
En cuanto a la tecnología pull, que te deja a ti el protagonismo de la búsqueda de la información, conviene que en estos primeros años explores y te familiarices con el contenido y sistema de búsqueda de las principales bases de datos jurídicas, que hagas lo mismo con los buscadores generalistas (Dialnet, Google Scholar y hasta Google tout court) y que conozcas a fondo el servicio de préstamo interbibliotecario de tu Biblioteca universitaria. Más aún: te recomiendo que visites y permanezcas atento a lo que te ofrece el servicio de Bibliotecas de tu universidad; están habitualmente a la vanguardia y podrán iniciarte en herramientas que ni siquiera habrías imaginado que existieran; entre ellas, pienso incluir entre los buenos propósitos para el año 2016 la exploración de los llamados gestores bibliográficos, como Mendeley, Zotero, EndNote o RefWorks.


6. Asume que te debes a tu lector


Dice PINKER que tienes tres razones para escribir bien: la primera, hacerte entender por tu lector para pasarle adecuadamente tu mensaje; la segunda, proteger tu prestigio o credibilidad en cuanto al fondo, pues todo lector tiende a presumir (iuris tantum, vale) que, si el envoltorio es tan cutre, cutre ha de ser también el contenido, que si ha faltado método y esfuerzo en la redacción, lo mismo habrá ocurrido en la investigación; la tercera, aportar a este mundo tan baqueteado tu granito de buena literatura, de belleza (disculpa mi tonto excurso, pero no puedo evitar traer a colación al periodista Ramón Trecet y la frase con la que terminaba sus programas de radio: "Buscad la belleza, es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo").

Aun que los dos últimos objetivos de una buena literatura no deberían caer en caso roto, aquí me voy a centrar en el primero de ellos: facilitar al lector la comprensión de tu trabajo de investigación.

Lo diré parafraseando a Posner: tu lector es un maximizador racional del tiempo de su vida que dedica a la lectura; olvídate pues de tus profesores del grado o máster, que probablemente hayan sido los lectores más benevolentes que hayas tenido o tendrás jamás. Cada irregularidad gramatical o sintáctica, cada circunloquio innecesario, cada construcción compleja que obliga a la relectura, cada frase o párrafo que no esté suficientemente hilado con el anterior y cada término inapropiado, impreciso o anfibológico será un empellón, grande o pequeño, que hará que tu lector se distancie de tu mensaje y, en el peor de los casos, descarrile de la lectura; y eso es un fracaso, un incumplimiento (absoluto o defectuoso, según los casos).

Aquí voy a hacerte una recomendación esencial y otra instrumental.

Presumiendo que asumes el respeto al lector en los radicales términos que he intentado describir, mi recomendación esencial es que interiorices que la clave de una buena redacción es una y solo una; autodisciplina, es decir, perseverancia, no cejar en el empeño de conseguir, mediante todas las revisiones que sean necesarias, que la estructura de tu publicación y cada una de sus términos, frases y párrafos sean los mejores para lograr su fácil y correcta comprensión por el lector. Que tengas más o menos "gracia" literaria hará que la dosis de sudor sea mayor o menor, pero, como dice la frase atribuida a Thomas Edison, "genius is one percent inspiration, ninety nine percent perspiration" (la genialidad es 1% inspiración y 99% sudor).

En este empeño, ten cuidado: tu saber sobre la materia te coloca en una situación privilegiada, pero también te puede jugar una mala pasada. Tu revisión del trabajo puede resultar sesgada por el "punto ciego del experto" (ver anterior entrada de este blog), al que Pinker llega a tildar de "maldición del conocimiento". Ponerse en el lugar del que no sabe lo que tú sabes ni ha estudiado las horas que tú has estudiado es todo menos fácil; has llegado trabajosamente hasta una cumbre, con cuerdas y piolets y tras muchos intentos frustrados que te han conducido a "callejones sin salida" (es decir, con mucho "ensayo y error"), y ahora tienes que preparar a tu lector una escalera alfombrada hasta el mismo lugar, para que llegue en una hora a donde a ti te ha costado cientos de horas llegar. Tomar distancia (en realidad, t) de tu propia obra y hacérsela leer a un tercero son los mejores remedios contra esta distorsión.

Pasando a lo instrumental, no olvides la cantidad de herramientas electrónicas con las que cuentas hoy para alcanzar tu objetivo: sistemas de autocorrección automática de los procesadores de texto, diccionarios (fundamentalmente, DRAE), guías sobre dudas lingüísticas (Diccionario Panhistórico de Dudas de RAE), guías específicas sobre lenguaje jurídico (Informe de la Comisión de Modernización del Lenguaje Jurídico), servicios de consultas (Consultas lingüisticas de RAE, Consultas Fundeu), colecciones de sinónimos y antónimos (yo uso WordReference) y hasta el propio buscador general de Google. No te dispensan de tener que sudar, pero, como la buena equipación deportiva, te harán el maratón más llevadero.