22 de septiembre de 2016

Los sesgos del jurista (Una lección inaugural de curso)

Incluyo aquí la versión en castellano de la lección inaugural que impartí en la apertura del curso 2016-17 de la Universitat de les Illes Balears. Incluye algunas modificaciones menores respecto al texto oficial en catalán, justificadas por el tiempo transcurrido entre la entrega del original y el acto de lectura, y por el afán de lograr un texto tan claro y preciso como fuera posible. He aprovechado también para insertar en el texto los gráficos de las diapositivas empleadas en la presentación de la lección.


1. Presentación


Comienzo disipando inmediatamente las negras expectativas que pueda haber despertado el anuncio de una lección inaugural de Derecho: no he escogido ninguna institución jurídica compleja ni me referiré a ninguno de los muchos arcanos de que disponemos los juristas para asombro y pánico de los, como decimos nosotros, "no juristas".

Aunque ello me ha obligado a alejarme un tanto de mis temas habituales de investigación, confieso que apenas me ha costado, pues siempre me han atraído los temas "de frontera" y con riesgo. Con más de treinta años de vida investigadora, cada vez me sacia menos la exploración ombliguista y microscópica de mi disciplina; y crecen, en la misma proporción, la curiosidad científica por lo que pasa afuera y la vocación de intentar pensar, como dicen los angloparlantes, "fuera de la caja".

Para pensar el Derecho “fuera de la caja”, creo que hoy en día no hay nada más provocador que los estudios psicológicos de la conducta aplicados a la toma de decisiones y al hecho de que estas pueden verse afectadas por sesgos cognitivos; en efecto, una medida eficiente de nuestra inteligencia, que consiste en encontrar atajos mentales que impidan que nuestra vida sea una pesadilla racional "a lo Mr. Spock", presenta como efecto secundario la posibilidad de que nuestra mente nos engañe, que tomemos decisiones guiados por un espejismo intelectual, por un trampantojo.

Las decisiones se encuentran en la esencia del Derecho, en primer lugar, porque los juristas deben tomar decisiones como juzgar, legislar, testimoniar o vindicar; y, en segundo lugar, porque estas decisiones tienen normalmente por objeto las decisiones de otros: los delincuentes, los consumidores, los contratantes, los ciudadanos...  

En mi lección tendré en cuenta este doble plano y, en una selección mínima de lo que se puede encontrar en la teoría de los sesgos, extraeré tres que pueden afectar a los juristas y dos que atañen a los sujetos cuya conducta debe ser evaluada o considerada por los juristas.


2. Los sesgos de los juristas


2.1 La fatiga cognitiva (ego depletion) y el sesgo del statu quo


Evitar pensar en osos blancos o retener en la memoria siete números durante un minuto no puede decirse que sean unas actividades extenuantes. Sin embargo, diversos experimentos han mostrado que nuestra energía mental es tan limitada que, si realizamos una actividad intelectual mínimamente exigente como estas tendremos después, por efecto de la fatiga cognitiva, menos capacidad de autocontrol y, por tanto, será más fácil que incurramos en sesgos cognitivos.

Por otro lado, la inclinación humana a que las cosas no cambien es más profunda de lo que pensamos, en parte porque padecemos una intensa aversión a perder y a arrepentirnos de nuestras acciones (y menos de nuestras omisiones). Esta resistencia a modificar el statu quo la sufrimos, por ejemplo, cuando estrenamos un producto o un servicio y nos ofrecen diversas opciones, una de las cuales viene por defecto marcada y es justamente la que tendemos a conservar. Si tuviéramos que traducir el sesgo del statu quo al castellano vulgar, podríamos decir que es el sesgo del "déjalo estar".

Danziger, Levav, Avnaim-Pesso, Extraneous factors in judicial decisions
La combinación de la fatiga cognitiva y el sesgo del statu quo puede explicar los llamativos resultados de un estudio sobre las decisiones de los jueces de vigilancia penitenciaria en Israel. Estos jueces resolvían cada día una media de 22 solicitudes de cambio de grado penitenciario de los reclusos.

Después de observar durante un año más de mil resoluciones, los investigadores identificaron un patrón que dependía de las pausas que los jueces hacían para desayunar y comer. Al comienzo de la jornada y después de cada pausa, las decisiones favorables a los presos eran del 65%, pero decaían hasta llegar casi a cero justo antes de las pausas.

Explican los investigadores que los jueces podrían verse afectados, a medida que trascurre cada periodo de trabajo, por la fatiga cognitiva y que esta les haría ceder al sesgo del statu quo y favorecer las decisiones más comunes y menos comprometidas, desfavorables a los reclusos.

Para confirmar que no se trata de un fenómeno peculiar de los jueces israelíes, resumo un estudio en el que los jueces somos nosotros, profesores universitarios, que también juzgamos a nuestros estudiantes. En el estudio, sobre pruebas orales, se tomaron como representación del momento de mínima fatiga cognitiva los cuatro primeros exámenes tras la pausa para almorzar;  de máxima fatiga, los cuatro últimos antes de la pausa. La calificación de estos últimos debería verse afectada por el sesgo del statu quo, pero ¿cuál es la calificación que, en general, resulta más fácil y menos comprometida para el profesor; cuál es la que resulta de un "déjalo estar"? Pienso, como el autor del estudio, que ni los suspensos ni las notas altas: el aprobado.

Los datos confirman la hipótesis: antes de la pausa, bajo el efecto del sesgo del statu quo, el porcentaje de aprobados era del 50%; después de ella, del 42%.




2.2. El sesgo estético (lookism) o de la belleza


Dos profesores de una universidad norteamericana realizaron un estudio sobre la manera en que influía la mayor o menor belleza de los estudiantes en sus evaluaciones. Examinaron más de un millón de calificaciones de unos ochenta mil estudiantes. Sus conclusiones:
  1. El atractivo físico de los estudiantes de sexo masculino tiene una influencia insignificante, pero el tercio de las estudiantes menos agraciado recibe una minusvaloración de un poco menos de cuatro décimas, una cifra que es relevante: cualquier estudiante sabe que las opciones de obtener un premio, beca o acceso a ciertos cursos dependen de diferencias de ese rango.
  2. No hay ninguna diferencia en la evaluación en función del sexo del profesor.
  3. La belleza influye en las calificaciones de los estudiantes en asignaturas presenciales, pero no en las asignaturas en línea; eso es importante, porque ya se sabe que correlación no implica causalidad y la correlación entre belleza y calificaciones podría deberse, por ejemplo, a una mayor seguridad personal de las personas atractivas, que haría que su prestación tuviera más calidad (de hecho, un estudio anterior en una universidad italiana atribuía a esa mejor prestación de los estudiantes más agraciados una diferencia en los resultados superior al veinte por ciento).
  4. Los investigadores no se atreven a afirmar qué parte del sesgo en las calificaciones se debe a pura discriminación en la evaluación y qué parte a que las estudiantes menos agraciadas reciben menos atención de sus profesores durante el curso.

El sesgo de la belleza supone la extensión del “halo estético” de una persona al campo de su credibilidad –digamos, de la estética a la ética-.

Como siempre, es en los Estados Unidos donde más se ha estudiado la posible existencia de un sesgo estético en la administración del Derecho.

En un estudio se ha demostrado que los abogados más atractivos ganan más que los restantes, pero este hecho se atribuye a las preferencias de los clientes y no a sus mayores éxitos en el foro; en realidad, está demostrado que, en general, las personas más guapas tienen más éxito profesional (también en la academia).

Otros estudios, realizados con jurados simulados, pero también sobre resoluciones judiciales, demuestran que existe un sesgo favorable a los procesados más atractivos y desfavorable hacia los obesos. 

A finales del siglo XIX un tal Lombroso sostuvo la descabellada idea de que la fisonomía de una persona permitía identificar a aquellas que tenían un perfil delincuente nato. Arrumbadas hoy al desván de los muebles viejos las teorías lombrosianas, ¿se podrían estar colando por los intersticios de las ventanas de los tribunales en forma de sesgo estético? 

No me consta que se haya realizado en España ningún estudio análogo a los mencionados, así que me limitaré a realizar dos comentarios colaterales: uno, sobre la ausencia de datos, y otro, sobre las políticas de igualdad.

La detección y medida de los sesgos más sociales, relacionados con el aspecto físico, el sexo, la raza, la religión, etc., que combinan estereotipos y prejuicios, se facilitan cuando es posible el tratamiento de un gran volumen de datos, que solamente se puede producir cuando se encuentran en formato digital (aunque no estén apenas estructuradas, atendiendo a que las herramientas para tratas datos masivos o big data son cada vez más potentes). La Administración y la Justicia se encuentran en un proceso de informatización masiva imparable, lo que significa que tendremos los datos y, además, bastante estructurados. Aún así, convendría revisar si el acceso general a los datos se produce por canales suficientemente amplios y si hay protocolos que facilitan, en su caso, el acceso específico a los datos por parte de los investigadores.

En cuanto a las políticas de igualdad, estoy seguro de que la aplicación de medidas antidiscriminatorias, generales o específicas, respecto de las personas obesas será uno de los asuntos a debate en los próximos años. Como muestra, un contraste. Por un lado, el artículo 37 de la Ley 17/2011, de seguridad alimentaria y nutrición, prohíbe taxativamente cualquier discriminación, directa o indirecta, por razón de sobrepeso u obesidad. Por otro lado, y quedándose más corta que la jurisprudencia norteamericana, la jurisprudencia de la Unión Europea solamente considera que se ha producido una acción discriminatoria en una relación laboral cuando la causa es una obesidad prácticamente incapacitante.



2.3 El sesgo retrospectivo (hindsight)


¿Se debe/debía instalar un sistema de vigilancia?
Unos profesores de una universidad estadounidense realizaron un interesante experimento con sus estudiantes. Tomaron como hechos un caso real de responsabilidad civil por una inundación provocada por un tapón de basura en un puente que un costoso servicio de vigilancia podría haber evitado. Se les explicó cuál era el riesgo de accidente y cuál era el coste de dicho servicio. Un primer grupo decidió ex ante, es decir, no se les explicó que había ocurrido el accidente sino que la ciudad estaba valorando la conveniencia de contratar el servicio de vigilancia; solo el 24% lo consideró necesario. Un segundo grupo manejaba exactamente la misma información con el añadido de que sabían que se había producido el accidente: el porcentaje subió al 56%. Todavía es más llamativo es resultado de un tercer grupo, que disponía de la misma información que el segundo, pero en el que se encareció a los estudiantes que pensaran ex ante y que no tuviesen en cuenta el accidente producido; pues bien, el resultado del tercer grupo calcó el del segundo, lo que indica que nos encontramos ante un sesgo difícil de vencer.

Este y muchos otros experimentos parecidos demuestran que padecemos un sesgo retrospectivo que hace que no nos resulte fácil abstraernos de los resultados que conocemos cuando recordamos y valoramos unos hechos del pasado. Juzgamos tan onmiscientemente lo ocurrido como el espectador de una película que, sabiendo que Freddy Krueger se esconde en un armario, se indigna por la torpeza del protagonista que pretende abrirlo.

De hecho, lo digo de pasada, somos irremediablemente retrospectivos; proyectamos el presente sobre el pasado, pero también proyectamos el futuro sobre el presente. Cuando nos encontramos en la mejor compañía en un “marco incomparable”, ¿en qué pensamos? En lo agradable que será recordarlo en el futuro. Así que, más que disfrutar, lo fundamental es... sacarse un selfie.

Volviendo al sesgo retrospectivo, los juristas (y sobre todo los jueces) desarrollan la mayor parte de su trabajo sobre hechos del pasado, pero, además, sobre hechos del pasado que han producido algún resultado relevante. Se mueven, por tanto, en un campo especialmente propicio al sesgo retrospectivo.

A veces, es el mismo legislador quien les proporciona una indicación "antirretrospectiva". Así, por ejemplo, para valorar cuándo un producto que se ha puesto en el mercado es defectuoso, el artículo 123.3 de la Ley General para la Defensa de Consumidores y Usuarios explicita que no se puede emplear como criterio que el mismo producto se comercialice después de manera más perfeccionada.

Otras veces, es la misma jurisprudencia la que lo hace, como cuando la jurisprudencia norteamericana -y ahora también lo apunta la nuestra- recomienda examinar los casos de negligencia con la denominada "fórmula de Hand", que es, esencialmente, un mecanismo de cálculo ex ante que sirve para resolver casos como el de la inundación que acabo de mencionar.

Pese a que no tengo ninguna afición al estilo declamatorio, la intensidad y resistencia de este sesgo justifica que haga una excepción: es esencial al Estado de Derecho que los jueces no solamente controlen su propio sesgo retrospectivo y las propuestas interesadamente sesgadas que les harán las partes, sino también que resistan la presión de una opinión pública que puede sufrir el sesgo retrospectivo en dosis desmesuradas.

Nada mejor que dos ejemplos que todo el mundo conoce: el caso Prestige y la crisis económica iniciada en 2008.

Más de 10 años después del hundimiento del Prestige, la Audiencia Provincial de La Coruña absolvió al director general de la Marina Mercante, pese a los desastrosos resultados de su decisión de alejar el petrolero, la sensibilización de la opinión pública y el hecho de que solamente su condena podía hacer que un deep pocket como el Estado hubiese de pagar todos los daños causados. La sentencia dedica una detallada fundamentación al estudio de los informes sobre las decisiones alternativas que se podrían haber adoptado y concluye con una lección de análisis "antirretrospectivo": "un profesional cualificado, asesorado por profesionales cualificados que informan que lo correcto es el alejamiento, salvo algunas excepciones poco explicadas, y que ha de tomar esa decisión de forma extremadamente urgente y rápida dado el peligro creado con la situación inicial del Prestige, cuando resuelve hacer caso a la mayor parte de sus asesores y a su propio criterio profesional, decidiendo de acuerdo con criterios que en rigor eran indiscutibles en aquel momento, está obrando de acuerdo con la prudencia y diligencia profesionales exigibles". El Tribunal Supremo, al confirmar la absolución del director general, emplea el mismo tipo de argumentación: “al final el acusado optó por mantener la decisión de alejamiento, lo que debe ser valorado no con la distancia que ofrece el tiempo y el conocimiento certero de la capacidad de aguante del Prestige que se mantuvo a flote durante seis días más, sino con la incertidumbre del momento en que se adoptó la decisión”.

La crisis económica también presenta caracteres propicios al sesgo retrospectivo: unos resultados sangrantes que podrían sesgar la valoración sobre cómo se vivía antes de la crisis; una crisis que ahora todos piensan, inopinadamente, que era tan indefectible como el Freddy Krueger de la película. Pese a ello, los jueces han sabido, en general, vencer el sesgo retrospectivo con neutralidad. Por un lado, han aplicado la ley a los consumidores con toda la deferencia que el sistema permite y sin aceptar que se estuviesen sobreendeudando irresponsablemente porque querían vivir por encima de sus posibilidades. Por otro lado, han sabido distinguir los casos en los que las entidades financieras habían vendido productos inadecuados al perfil del cliente de aquellas inversiones expertas y fallidas; respecto de estas, que los valores de Lehman Brothers o de los bancos islandeses valieran cero después de la crisis no permite afirmar retrospectivamente que se hubiera estado vendiendo “pescado podrido”.

Ocasionalmente los tribunales son presa del sesgo retrospectivo, como en algunas sentencias de responsabilidad médica o una vieja sentencia que estudié en mi tesis doctoral en la que la negligencia del conductor que había derrapado cerca de un paso a nivel se basó en que tendría que haber previsto que los coches que se detienen en el paso a nivel dejar caer gotas de aceite y que, en un día lluvioso, estas se encontrarían en suspensión.

En cualquier caso, me gustaría centrarme en una manifestación de sesgo retrospectivo que es endémico en las resoluciones sobre responsabilidad civil de los tribunales españoles. Imaginemos que se produce un accidente en unas instalaciones y que se discute si la falta de cierta medida de seguridad, no obligatoria, que habría evitado el suceso, es negligente. Si, sensibilizado por el accidente, el propietario de las instalaciones tiene la encomiable idea de añadir la medida en cuestión, se ha “crucificado”, porque los tribunales emplearán su conducta como indicio de que la previa ausencia de la medida era imprudente. La jurisprudencia americana, con toda razón, es contraria a aceptar como indicio de negligencia la adopción ex post de medidas dirigidas a evitar la repetición de accidentes; primero, porque hacerlo tendría efectos disuasorios de conductas que benefician a la seguridad pública y, segundo, porque el foco ha de ponerse en valorar si ex ante estas medidas podrían considerarse exigibles.



3. Los juristas ante los sesgos de los demás


3.1. El sesgo de optimismo y otros sesgos del consumidor


Cambiamos ahora de tercio; después de haber colocado al jurista ante su espejo, lo situamos ahora como observador de los sesgos ajenos, empezando por el sesgo de optimismo y otros sesgos que afectan a los consumidores.

Resulta que somos optimistas por naturaleza.

En primer lugar, lo somos respecto de nuestras capacidades. El 90 % de los conductores considera que conduce mejor que la media; y a nadie que se pasee por los pasillos de una universidad le sorprenderá que el porcentaje de profesores que piensa que su calidad profesional es superior a la media de sus colegas asciende al 94 %. 

En segundo lugar, somos también optimistas a la hora de minimizar los riesgos que nos afectan; con la anomalía, eso sí, de hiperreaccionar, por efecto de otro sesgo, el de la disponibilidad, respecto de los riesgos que, sobre todo por su difusión mediática, tenemos más frescos y más nos han impresionado.

En suma, se ha dicho, el ser humano es un paranoide optimista.

Pero no solamente el optimismo -o el pesimismo- nos mueve a realizar valoraciones sesgadas; también padecemos otras desviaciones, como sobrevalorar las pérdidas sobre las ganancias, sobrevalorar aquello que poseemos, guiarnos por puntos de referencia irracionales, como el que explica la llamada “paradoja del bronce”, y un largo etcétera de comportamientos económicamente incorrectos (misbeheavings, en expresión de Thaler). Explico lo de la “paradoja del bronce”. Lo lógico sería que en una competición deportiva los medallistas de oro fueran los más contentos; luego los de plata y finalmente los de bronce. Sin embargo, un estudio demostró que era palpable que los terceros estaban más satisfechos que los segundos, porque los medallistas de bronce toman como referencia a los competidores que no han ganado medalla y los de plata a los campeones que les han privado del oro. Y este mismo tipo de distorsión dependiente del punto de referencia se presenta en los negocios, las inversiones o los juegos de azar.

No tenemos más remedio que reconocer que nuestro cerebro es una máquina nada perfecta a la hora de tomar decisiones.  Y esta conclusión se puede subrayar para los consumidores, porque, con la excepción de grandes decisiones, como la compra de la vivienda, no se concentran con diligencia cuasiprofesional en sus decisiones de consumo (y tienen todo el derecho a no hacerlo); consiguientemente, se encuentran especialmente expuestos a toda clase de sesgos.

Aceptar un margen de irracionalidad sesgada en el consumidor, que es una de las piezas esenciales de la economía de mercado, subvierte algunos principios de la teoría económica y de su hermana pequeña, el análisis económico del Derecho. Pensemos que el clásico libro de Posner sobre el análisis económico del Derecho se inicia con la lapidaria frase de “el ser humano es un maximizador racional de sus fines en la vida”. Y resulta que maximizador, lo podemos aceptar (aunque también se han descrito rasgos de la conducta humana que oponen consideraciones de justicia a las de puro egoísmo), pero racional está claro que solo moderadamente. Este simple reconocimiento obliga a revisar los fundamentos del análisis económico del Derecho y pasar, como se ha dicho, del análisis económico 1.0 al 2.0 (Sánchez-Graells) o al 3.0 (Alfaro).

Bajando del plano teórico al más práctico, el Derecho es crecientemente sensible al riesgo de que el consumidor pueda adoptar decisiones sesgadas.

Así se puede ver en la evolución de la regulación de los deberes de información al consumidor que se imponen al empresario.

Inicialmente bastaba con que la información se pusiera a disposición del consumidor.

Poco a poco se fueron introduciendo más casos en los que la obligación de informar es más proactiva: el empresario se ha de asegurar de que la información llega al consumidor; eso explica, por ejemplo, la jurisprudencia sobre las cláusulas-suelo, una información que estaba disponible en los contratos de hipoteca pero no con la suficiente transparencia como para garantizar que el consumidor la hubiera podido considerar en su toma de decisión.

La tercera evolución en la regulación de los deberes de información responde a los sesgos del consumidor, como el del optimismo, y consiste en que, más allá de asegurarse de que la información llega al consumidor, el empresario debe comprobar que este la asimila correctamente y es capaz de valorar los riesgos que se derivan de ella. Ahora, por ejemplo, no podría producirse el caso de las preferentes porque la llamada normativa MiFID exige que las entidades financieras, antes de vender ningún producto, hagan una evaluación de la idoneidad y conveniencia para el inversor, con la finalidad de comprobar sus conocimientos y experiencia, sus objetivos y su tolerancia al riesgo; podríamos decir, entonces, que se trata de una regulación antisesgos.

En qué campos es necesario introducir regulaciones antisesgos como esta y cuándo nos podemos conformar con modelos informativos más convencionales constituye un asunto de máxima actualidad e interés en el que la psicología y el Derecho deben compartir conocimientos.

Me pregunto también, para terminar este epígrafe, si sería conveniente y factible  introducir el sesgo del optimismo y otros sesgos del ciudadano medio en el cánon severo y omnipresente del "buen padre de familia".



3.2. Los sesgos del ciudadano y la política


No solamente el consumidor es presa de sus sesgos en sus relaciones en el mercado, sino también el ciudadano en su relación con la política. Pues bien, la teoría de los sesgos trae una noticia buena y una mala para los que hacen las leyes y administran la cosa pública.

La noticia mala es que la irracionalidad de los sesgos dificulta la toma de decisiones políticas y muchas veces introduce en la política cierto regusto de desagradecimiento e incomprensión.

La sesgada valoración de los riesgos por parte de los ciudadanos, para empezar, coloca a los políticos ante el dilema de si, al priorizar políticas públicas, hay que atender a una valoración racional de los riesgos o a la que es sentida por los ciudadanos, demasiadas veces sesgada.

Además, ya he dicho que nos importa irracionalmente más perder que no ganar, por lo que ocurren dos cosas que cualquiera que haya administrado asuntos colectivos, aunque solo sea como presidente de una comunidad de vecinos, conoce.

Primero, es mucho más difícil hacer reformas y redistribuir cuando el pastel mengua que cuando crece; cuando mengua, los ciudadanos perjudicados son perdedores; cuando crece, solamente son no ganadores.

Segundo, si una decisión pública produce ganadores y perdedores, el apoyo de los primeros será mucho más tímido que la protesta de los segundos (afirmación que, por cierto, ya se encuentra en Maquiavelo).

La buena noticia es que los sesgos también pueden ser empleados como herramiento de buen gobierno, como puede verse en los trabajos del profesor de la Facultad de Derecho de Harvard, Cass Sunstein. Por ejemplo, el sistema español de trasplante de órganos, una reconocida historia de éxitos, con más de un ochenta por cien de donaciones autorizadas, se fundamenta, en parte, en un uso inteligente del sesgo del statu quo.
Abadie, A. & Gay, S. The impact of presumed consent legislation
on cadaveric organ donation: a cross-country study
A diferencia de lo que ocurre en algunos otros países, la ley española establece por defecto la autorización para el trasplante en caso de muerte. Aunque me consta que los coordinadores médicos solicitan a los familiares su autorización, pesa sobre su decisión el sesgo del statu quo, que hace que se opongan solamente si tienen un especialísimo interés en hacerlo.

Sirva de ejemplo e indicador de la intensa conexión existente entre los estudios de la conducta y la política la reciente creación por los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido de sendos consejos de asesoramiento "político-conductista" (Social and Behavioral Sciences TeamThe Behavioural Insights Team).



4. Conclusiones


Lo que he mostrado hasta aquí no es más que la punta del iceberg de las posibles relaciones entre sesgos cognitivos y Derecho. La Wikipedia tiene una entrada registro de sesgos que contiene más de un centenar y, aunque muchos tienen relevancia jurídica, la mayoría han quedado fuera de mi discurso. Fuera de campo ha quedado también el análisis de cómo las puras emociones pueden incidir en las decisiones con valor jurídico (cerrada esta lección, por ejemplo, se publica un estudio norteamericano según el cual la derrota imprevista del equipo local de fútbol se reflejaba, durante la semana siguiente, en un endurecimiento de las medidas de internamiento decretadas por los jueces de menores).

Aún así, me atrevo a extraer tres conclusiones:

Primera. El estudio de los sesgos cognitivos invita a una introspección crítica, a una mayor vigilancia en el desarrollo de nuestro trabajo como juristas, investigadores o docentes; y ayuda, también, a anticipar y juzgar prudentemente las decisiones de los demás.

Segunda. En el bullicioso mundo de las ciencias de la conducta, los juristas podemos buscar muchas respuestas a nuestras preguntas... y encontrar muchas preguntas a nuestras respuestas.

Tercera. Pese a que los estudios de los sesgos pueden considerarse ya maduros en los años sesenta, el eco que han tenido en la doctrina jurídica española es tan raquítico que sobran dedos en una mano para contar las publicaciones (y la mayoría de ellas no están hechas por académicos). Si comparamos con la ingente producción científica existente en los Estados Unidos, incluso descontando  la mayor exposición a los sesgos de un sistema jurídico con intenso empleo de jurados y mayor discrecionalidad judicial, creo que se pueda extraer una última conclusión: que hay que reflexionar sobre los escasos alicientes que, en la universidad española, tenemos los investigadores del Derecho para salir de la "cueva" de nuestra disciplina.



REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


1. Presentación



2.1. La fatiga cognitiva (ego depletion) y el sesgo del statu quo



2.2. El sesgo estético (lookism) o de la belleza



2.3. El sesgo retrospectivo (hindsight)

  • Gallo, J. A. (2006). Errores y sesgos cognitivos en la expansión del Derecho Penal. A: Derecho y justicia penal en el siglo XXI: liber amicorum en homenaje al profesor Antonio González-Cuéllar García (pàg. 31-48). Editorial Constitución y Leyes, COLEX
  • Guthrie, C., Rachlinski, J. J., & Wistrich, A. J. (2002). Judging by Heuristic-CognitiveIllusions in Judicial Decision Making. Judicature, 86, 44
  • Kamin, K. A., & Rachlinski, J. J. (1995). Ex post ≠ ex ante. Law and Human Behavior, 19(1), 89-104
  • Novo, M., Arce, R., Fariña, F., & a de Vega, S. (2003). El heurístico: perspectiva histórica, concepto y tipología. En: MN Pérez, & RA Fernández. Jueces: Formación de juicios y sentencias. Granada: Grupo Editorial Universitario
  • Rachlinski, J. J. (1998). A positive psychological theory of judging in hindsight. The University of Chicago Law Review, 65(2), 571-625


3.1. El sesgo de optimismo y otros sesgos del consumidor



3.2. Los sesgos de los ciudadanos y la política



4. Conclusiones



Y también...

La exigüidad de la doctrina jurídica española sobre esta materia es compensada parcialmente por una mayor actividad en el "blogosfera", lo que hace pensar que tal vez se está comenzando a producir una subversión en las vías de difusión de los resultados de la investigación y que, en un futuro próximo, los canales de transferencia se diversificarán más allá de los oficiales y, hoy por hoy, únicos reconocidos. Los blogs de referencia, con una selección de entradas sobre la materia son:
  • Alfaro, J. Derecho Mercantil de España: Reglas heurísticas; Análisis económico del Derecho 1.0, 2.0 y 3.0, El futuro de la psicología económica; Sobre el behavioural economics & finance; Business judgement rule: sesgo retrospectivo y antijuridicidad y culpabilidad de la conducta de los administradores; Costes hundidos y la falacia Concorde; Los costes de tomar decisiones; La psicología de la escasez; sesgo confirmatorio y creencia en las propias creencias.
  • Conthe, M. El sueño de Jardiel: El «efecto espectador», medio siglo después; Política de acicates (‘nudges’); Las sentencias del Supremo sobre Bankia; Polarizaciones asesinas; Diágoras y los ensayos clínicos; El dilema discursivo.

16 de septiembre de 2016

La creación de "ZONA RESPONSABILIDAD CIVIL estudiantes"

Hace diez meses inicié la construcción de ZONA RESPONSABILIDAD CIVIL estudiantes.  Alcanzado ya un nivel de compleción alto, dedico esta entrada a explicar las decisiones adoptadas a lo largo de este proceso, que, he de confesar, me ha resultado muy entretenido y motivador.


Objetivos del proyecto


  1. Seguir la línea pedagógica que resumo en la entrada de este blog Aprender menos para aprender mejor (o enseñar menos para enseñar mejor).
  2. Dirigirse específicamente a estudiantes y centralmente a los del grado de Derecho.
  3. Permitir la preparación autónoma de los estudiantes, de manera que los materiales puedan ser aprovechados por estudiantes de cualquier universidad y permitan al profesorado utilizarlos como punto de partida de una metodología de clase invertida (Flipped Classroom).
  4. Ser abierto, es decir, ajustarse a los principios del Acceso Abierto u Open Access (OA) y su versión educativa: Recursos Educativos Abiertos u Open Educational Resources (OER).
  5. Aprovechar las herramientas que ofrece Internet, de carácter público y gratuito, para conseguir un diseño atractivo.
  6. Permitir que los materiales se empleen en red (con cualquier dispositivo: ordenador, tableta o móvil) o mediante la impresión o bajada de los contenidos.



¿Página web o blog? ¿Blogger o WordPress?


Pese a que existen buenas herramientas para la confección de una página o sitio web, como Google Sites o Wix, opté por el formato de blog porque; a) mediante la inclusión de páginas y enlaces, es factible casi todo lo que aquellas herramientas permiten; b) la colocación en el centro de la ZONA de un blog le otorga un mayor dinamismo y una imagen (y compromiso) de actualización.

En cuanto a la elección entre los dos grandes proveedores de servicios gratuitos de blog (Blogger y WordPress), pude comprobar, en muchas entradas como esta, que apenas se diferencian en pequeños matices. La posibilidad de introducción de publicidad y ciertos comentarios sobre debilidades del servicio gratuito, del lado de WordPress, se compensaban con el "riesgo Google Reader", es decir, de discontinuidad del servicio, del lado de Blogger; así que opté por la solución más fácil: emplear aquella plataforma que ya conocía por haber desarrollado en ella, desde hacía un par de años, esta ZONA BOLONIA.


Diseño del blog


Aunque, en su primera edición, la ZONA adoptaba un formato de "vista estática", posteriormente lo transformé al de "vistas dinámicas", retocadas con algunos "trucos" (mi agradecimiento, es especial, a Southern Speakers). Creo que su atractivo visual y su versatilidad para el usuario compensan algunos de sus inconvenientes, que anoto:
  • Presenta ciertas rigideces, como la imposibilidad de cambiar los nombres, en inglés, de las vistas o la de eliminar algunas vistas que no son nada interesantes (no he conseguido que funcione este truco).
  • No es posible realizar búsquedas que combinen etiquetas.

He añadido una HomePage (gracias a estas instrucciones); de esta manera, los usuarios poco avezados a sitios con vistas dinámicas pueden recibir unas primeras indicaciones.

En el bloque superior existen dos menús desplegables: uno de las distintas vistas que puede emplear el usuario; otro, con enlaces a los diversos contenidos de la ZONA.


Las imágenes


Las imágenes que se emplean en el blog son todas ellas de licencia abierta. La mayoría proceden de Flickr; otras, de la búsqueda de imágenes en Google con restricción a aquellas con licencia abierta.

No es posible incrustar directamente las imágenes desde Flickr debido a ciertas incompatibilidades existentes entre este sitio y Blogger. Es necesario, por tanto, "bajarlas y subirlas".

El obligado reconocimiento de autoría es observable al colocar el ratón sobre la imagen.


Las entradas: sentencias


Las sentencias constituyen, junto a las Nociones, el núcleo duro de la ZONA. En su selección y tratamiento se han seguido los siguientes criterios:
  • Se escogen preferentemente aquellas sentencias que son ilustrativas para la enseñanza. Por ello, si es posible, se prefieren casos curiosos y fáciles de visualizar, que son más fáciles de digerir y rememorar.
  • Los títulos de las entradas son descriptivos e informales, dirigidos a llamar la atención de los estudiantes y válidos para poder ser aludidos en las actividades en el aula.
  • Se desglosa y resume exclusivamente el contenido de la sentencia que es útil para la materia de la ZONA; no se trata de un resumen completo de la sentencia.
  • El tono es, en ocasiones, algo informal, y está dirigido a su fácil lectura.
  • Se incluyen enlaces a los apartados concernidos de las Nociones y a la sentencia publicada en CENDOJ.


Otros tipos de entradas


Las sentencias se complementan con otros tipos de entradas diferenciadas:
  • Multimedia. Se incluyen vídeos cuyo visionado esté al alcance de los estudiantes destinatarios de este sitio. Se seleccionan los vídeos de mayor interés por su contenido, originalidad o calidad visual; se descartan, por el contrario, vídeos "pelmazos" de profesores "bustos parlantes".
  • Webs. Se trata de enlaces a páginas web (en muchas ocasiones de la propia Wikipedia) o a otros blogs que pueden resultar interesantes para los estudiantes.
  • Noticias. Son enlaces a noticias publicadas en medios de comunicación que presentan interés o suscitan curiosidad; se acompañan de un pequeño comentario o análisis.
  • Léxico. En estas entradas se explica algún término relacionado con la materia con el que, a la vista de mi experiencia docente, sea frecuente que los estudiantes tengan alguna dificultad. Las explicaciones se complementan con algunos ejemplos, extraídos de distintas fuentes, en los que se emplea el término examinado.
  • Novedades. Estas entradas sirven para anunciar modificaciones o incorporaciones en la ZONA.
  • Notas legislativas. Las entradas comentan algún texto legal no con la finalidad de compendiarlo, sino de resaltar algún contenido que tenga valor didáctico, que ayude a comprender los conceptos propios y la evolución del Derecho de daños.
  • Notas prácticas. Pequeñas guías prácticas para estudiantes de Derecho, muy "boloñesas".
  • De estudiantes. Trabajos de los estudiantes que tengan suficiente calidad y resulten, además, interesantes. Naturalmente, con su autorización.
  • Materiales. Todavía sin estrenar, pero el proyecto es incluir, con pequeños comentarios, ejemplos o modelos de contratos, atestados, etc. (debidamente anonimizados, claro).


Las etiquetas


Las etiquetas constituyen la estructura interna de la ZONA y ligan las entradas y las Nociones, y, en general, todos los contenidos de la ZONA entre sí. Están pensadas para cumplir esta tarea funcional y no tanto para su manejo directo por el usuario, pese a estar disponibles en un desplegable situado en el lateral derecho del blog; las limitaciones que impone Blogger a las etiquetas que puede llevar cada entrada me han obligado a adoptar etiquetas muy simplificadas, casi en clave.


Las Nociones


El contenido de las Nociones, como se corresponde con las premisas metodológicas asumidas, es de unos apuntes muy sencillos y claros. Que media asignatura de 6 créditos se compendie en 38 páginas nada apretadas da una idea de cuál ha sido el empeño, más de simplificación que de condensación.

La mayoría de los apartados de las Nociones contienen un enlace que lleva, mediante una búsqueda preestablecida con las etiquetas, a las entradas de blog relacionadas; de este modo, los estudiantes pueden estudiar de forma integrada la teoría y su aplicación práctica.

Las Nociones están elaboradas con Google Docs. Además de resultar una herramienta más que suficiente para el tratamiento de textos, tiene la virtud de actualizar automáticamente en la versión publicada en la web todos los cambios que se realicen en el texto original.

Además de esta versión web (en la que también hubo que emplear algunos "truquillos" para que no perdiera formato), se pone a disposición de los estudiantes otra en formato pdf, más cómodo para imprimir y guardar. El documento pdf se coloca en Dropbox: a diferencia de Google Drive, no obliga a cambiar el enlace  que lleva al mismo cada vez que se renueva el documento por haberse introducido algún cambio.


Los "minicasos"


Se han incluido algunos casos prácticos breves para la autoevaluación por parte del alumno. La mayoría se encuentran en la página "Minicasos", aunque también se insertan algunos en entradas.

El expediente formal empleado, muy sencillo, consiste en colocar la respuesta en letra blanca, en una caja al pie de la pregunta, de tal manera que sea visible al ser resaltado el texto con el ratón.


Otras páginas


Se incluyen también páginas con legislación sobre Derecho de daños y de ampliación de información, para estudiantes interesados en "ir un poco más allá".


Interacción


Tengo en estudio el grado de interactividad que conceder a la ZONA. Para no "pillarme los dedos", he empezado con un nivel bajo, reducido a una dirección de correo electrónico para el envío de preguntas o sugerencias. Excluyo, de momento, permitir comentarios en las entradas; para garantizar que estos fueran de utilidad para los estudiantes, debería realizarse una labor de filtrado que, en estos momentos, no estoy en condiciones de desempeñar. 


Experiencia


Durante el curso 2015-16, tuve la ocasión de emplear esta ZONA  como material de curso. Para practicar la metodología de clase inversa, cada semana, los estudiantes recibían indicación de aquellos apartados de las Nociones que debían leer, incluidas las entradas a las que conducían los correspondientes enlaces. Sobre ese trabajo previo se realizaba un brevísimo examen escrito de cinco minutos y, después, se desarrollaba la clase. Los resultados de los estos exámenes y las estadísticas del blog indican que los estudiantes realizaron estas lecturas de forma generalizada (casi siempre en las horas previas a la clase). Los materiales apenas generaron dudas y las encuestas recogen un grado de satisfacción elevado.

Tal como recogí en esta otra entrada,  un 15 % de los estudiantes imprimió y leyó en papel todos los materiales, un 46% optó por un sistema mixto (Nociones en papel, entradas en pantalla) y un 39% leyó todo en pantalla (con preferencia, en cuanto a las Nociones) por la versión en pdf frente a la versión web).


Valoración personal


  1. La notable inversión de tiempo dedicada al diseño de la ZONA se rentabiliza inmediatamente, dado que, a partir del segundo año, apenas habrá que introducir retoques menores.
  2. La "autosuficiencia" de la ZONA, con su combinación de teoría y práctica, me facilitó notablemente el trabajo de aplicar una metodología de "clase inversa" y me permitió desahogar las clases de tareas meramente informativas.
  3. La combinación de un material más estático (las Nociones) y otro más dinámico, actual y hasta efímero (el blog), creo que transmite a los estudiantes un buen "mensaje" acerca de cómo es y se vive el Derecho.
  4. Aplicar las Tecnologías de la Información y Comunicación en un proyecto no informático, como es la docencia del Derecho de daños, tiene un curioso (y muy motivador) efecto catalizador: el descubrimiento de las opciones ofrecidas por la técnica me ha ido estimulando constantemente a pensar en nuevas utilidades para los estudiantes ("¡andá, pues esto puede servir para esto!").
  5. Finalmente, la interdependencia Nociones-etiquetas-entradas de blog (mayoritariamente, sentencias) ha producido un interesante efecto: que en algunos puntos, he modificado la exposición de la teoría en las Nociones para ajustarla a lo que ofrece la casuística (y viceversa); digamos que obliga al profesor a entablar un diálogo entre teoría y práctica cuyo resultado debe ayudar a un mejor aprendizaje por parte de los estudiantes.


Crecimiento: otra ZONA


Seis meses después de haber iniciado la primera de las ZONAS, lancé, en colaboración con mi colega, la profesora Nélida Tur, la ZONA OBLIGACIONES Y CONTRATOS estudiantes, todavía en construcción, pero bastante avanzada. Me sirvió para volcar en ella la mitad de mi asignatura dedicada a la responsabilidad contractual y para iniciar una interesante experiencia de ZONA "a cuatro manos" que, espero, justificará el año que viene una entrada como esta.

13 de junio de 2016

Conociendo a tus estudiantes (2): Competencias digitales

A la vista de algunas dificultades técnicas que mis estudiantes del grado de Derecho me ponían de manifiesto a la hora de ejecutar algunas de las actividades del curso, decidí, al poco de iniciar el semestre, realizar una encuesta sobre competencias digitales, cuyo resultado concreto puede examinarse aquí. Dado que el nivel formativo del grupo era bueno, creo que los resultados (que intentaré completar con una nueva muestra el curso que viene) nos obligan a reflexionar sobre las competencias digitales de nuestros estudiantes (y a estos sobre su adaptación a las exigencias de la sociedad de la información).


1. Pocos estudiantes poseen competencias digitales sobresalientes


El número de estudiantes que pueden decirse tecnológicamente avanzados es reducido, incluso para un estudio grado de Derecho- al que no suelen acceder los más incondicionales de las matemáticas. Un 9 % sabe escribir código (aunque solo sea retocar el html de una página web); un 11 % administra un blog o página web y un 31 % usa activamente Twitter.


2. Una brecha digital en las competencias ofimáticas


La capacidad de ejecutar algunas utilidades propias del mundo académico y profesional es menor de lo esperado en miembros de una generación de nativos digitales. No me gusta echar las culpas a los eslabones anteriores de la cadena educativa, pero sorprende que durante el bachillerato no hayan tenido sobradas oportunidades para poner en práctica utilidades como crear y emplear una hoja de cálculo (no saben hacerlo el 48 %), crear un enlace en un documento de texto (no saben el 43 %) o crear un índice en un documento de texto (no saben el 54 %). Sobradamente capacitados, sin duda, para los usos cotidianos, sociales y lúdicos de las nuevas tecnologías, los estudiantes resultan menos avezados en la "ofimática pesada", necesaria, sin embargo, para el desempeño profesional y ciudadano que les espera.


3. Conformismo en las búsquedas


No hace falta ninguna encuesta para llegar a la conclusión de que los estudiantes emplean cotidianamente los buscadores generalistas -y Google en particular-. Sorprende, sin embargo, la reducida competencia de los estudiantes en la personalización de las búsquedas (un 30% no sabe cómo realizar una búsqueda acotada a una frase literal y un 70 % no sabe emplear los operadores lógicos "y", "o", "no"...). En la misma línea se sitúa el dato del escaso conocimiento de buscadores especializados, como Dialnet (20%) o Google Académico (6%). Mi impresión es que los estudiantes se rinden a las crecientes capacidades predictivas de los buscadores generalistas, sometiéndolos a búsquedas "en bruto", sin demasiado análisis ni reflexión. Abandonarse a la "inteligencia colectiva" aplicada por los buscadores supone, en mi opinión, una actitud alejada del deseable pensamiento crítico, para el que es preciso emplear herramientas de búsqueda más refinadas, que permitan alejarse del camino trillado. 


4. Creciente lectura en pantalla


En contraste con lo que ocurre con los "digitales tardíos" de mi generación, los estudiantes demuestran mayor predisposición a la lectura en pantalla de los materiales del curso. En un curso en el que los estudiantes debían leer, con periodicidad semanal, los apuntes (Nociones) -unas 50 págs. en total- y las entradas de blog, mayoritariamente sobre sentencias, de ZONA RESPONSABILIDAD CIVIL estudiantes y ZONA OBLIGACIONES Y CONTRATOS estudiantes -unas 150 págs en total-, solo un 15 % imprimió y leyó en papel todos los materiales, un 46% optó por un sistema mixto (Nociones en papel, blog en pantalla) y un 39% leyó todo en pantalla (con preferencia por la versión en pdf frente a la versión web).


5. Aprendientes ágiles


Pese a los déficits ofimáticos aludidos, lo cierto es que la amplísima mayoría de los estudiantes resolvió con comodidad los "retos" digitales que les planteaba mi asignatura (como, por ejemplo, insertar enlaces en un texto). Nuevamente en comparación con generaciones anteriores, tan fáciles al "bloqueo digital", demuestran mayor agilidad en el aprendizaje; no en vano, ahora sí ha de notarse, son nativos digitales. Y esto me permite desembocar en una conclusión final para esta entrada...


6. Conclusión


Las capacidades innatas de nuestros estudiantes para lo digital están infraexplotadas; corresponde al sistema educativo -universitario y preuniversitario- incentivar su uso y a los propios estudiantes esforzarse en emplear los múltiples recursos disponibles de educación no formal para mejorar sus competencias. 





14 de marzo de 2016

Conociendo a tus estudiantes: un estudio cualitativo

Introducción


En los últimos tres años en que he impartido la asignatura "Responsabilidad contractual y extracontractual" del segundo semestre del tercer curso del grado de Derecho en la Facultad de Derecho de la Universidad de las Islas Baleares, he venido pidiendo a los estudiantes que me envíen una pequeña presentación, de carácter informal, sobre la que luego hablamos en una primera tutoría. Una parte de estos estudiantes -aproximadamente un tercio- pertenecen al grupo vespertino, caracterizado por incluir estudiantes de más edad y que compatibilizan trabajo y estudios.

Esta presentación y la posterior tutoría tienen como funciones conocer a mis estudiantes, "desasustarlos" sobre mi accesibilidad en el despacho, identificar intereses particulares que puedan confluir positivamente con la asignatura y resolver las dudas que les hubiera ocasionado la guía docente y la primera o primeras clases; también, en ocasiones, lanzar una primera advertencia de peligro a estudiantes en cuyo perfil observo algunos indicios de que pueden abandonar tempranamente el "tren de la asignatura".

Con el tiempo, sin embargo, el hallazgo de coincidencias que me parecen llamativas me ha hecho pensar que esta actividad, además de ser una estrategia docente, es un recurso valioso de análisis sociológico. Aquí recojo, por ello, con absoluto "amateurismo" en cuanto a la metodología del análisis, mis conclusiones sobre unas 300 autopresentaciones de estudiantes de 3º. de grado.


Vocación inicial


Los estudiantes que desde niños (o, al menos, adolescentes) tenían claro que querían estudiar Derecho son una estricta minoría (salvo, curiosamente, en el curso que imparto este año). Las afirmaciones como las que trascribo a continuación solo se encuentran en un cuarto o un quinto de las presentaciones.
  • Desde era pequeña quise estudiar derecho porque por aquel entonces me parecía muy interesante el mundo de los juicios, los abogados, los jueces ... y sobre todo me llamaba la atención el hecho de intentar persuadir a una persona para que creyera tu versión...
  • Se puede decir que desde siempre he querido estudiar Derecho. Desde pequeñita, cuando me pedían que quería ser de mayor, siempre contestaba que abogada y cuando me pedían por qué decía (con toda mi inocencia) que era porque me encantaba debatir, dar mi opinión y sobre todo defender a la gente que consideraba que tenía la razón. Por el momento, podría decir que no he cambiado y sigo con estas mismas características.
  • Empecé el grado de Derecho con total convencimiento. Desde muy pequeña ya tenía la convicción de que cuanto llegara el momento elegiría estudiar esta carrera y, de hecho, así fue.
  • He tenido vocación para estudiar derecho desde aproximadamente los 14 años y no precisamente por herencia familiar, ya que no dispongo de ningún pariente que ejerza una profesión relacionada con el derecho.  
En la mayoría de los casos, se trata, en orden de mayor a menor frecuencia, de una decisión tardía (en el último curso del bachillerato, casi siempre inspirada o reforzada por el tutor del colegio o instituto o, llamativamente, por las sesiones de "puertas abiertas" de la universidad), "extratardía" (por descarte, al hacer la preinscripción) o de rebote (perfil más frecuente: estudiante fracasado o desencantado en el primer curso de GADE o GECO).

Los argumentos que más frecuentemente mencionan los estudiantes como determinantes de su decisión de estudiar Derecho pueden agruparse en dos categorías.

La primera es la archiconocida del amplio elenco de salidas profesionales que ofrece una carrera tan versátil como Derecho. Para quienes piensen que, para idealistas, nosotros, y que los jóvenes de hoy se mueven por intereses más prosaicos y materialistas, diré que, con gran frecuencia, los estudiantes especifican que persiguen un trabajo orientado a lograr una sociedad más justa y a proteger a quienes consideran necesitados de justicia.
  • En mi opinión, estudiar Derecho te abre un gran abanico de profesiones a las cuales te puedes dedicar al finalizar el grado y si eliges de acuerdo con tus inquietudes pienso que puedes disfrutar mucho realizando tu trabajo.
  • Otro de los factores fue que no tenía muy claro a qué profesión y el Derecho me ofrecía un gran abanico de posibilidades. 
  • Las salidas al mercado laboral son inmensas en comparación con otras carreras, y viendo cómo van las cosas, me tranquiliza un poco más. 
  • Nunca he tenido claro qué quería estudiar y sinceramente escogí derecho porque es una de las que considero que cuenta con más salidas laborales una vez finalizada. Principalmente me hubiera gustado más realizar una carrera como la de educación social, pero al contrario que derecho abarca menos posibilidades laborales una vez finalizada.
  • Un aliciente que en mi caso podría añadir es que el Derecho trata sobre cuestiones que van desde cuestionar la legalidad de una norma, a los problemas del día a día que puede encontrarse un ciudadano de a pie, y esto último es algo que me atrae porque es una manera de ayudar a los demás a resolver los problemas que les puedan surgir.
  • No sabría decirle exactamente por qué elegí la carrera, porque realmente no tengo ningún familiar ni referente en la carrera que me haya precedido, pero me llamaba la atención la figura del abogado defensor, creía que era una forma de poder ayudar. 

Junto a esta finalidad profesionalizante, con una frecuencia solo ligeramente inferior, los estudiantes aluden al interés que para ellos tienen los estudios jurídicos como herramienta para comprender el mundo, es decir, la sociedad en la que viven.
  • Por otro lado, haces una visión general de las distintas situaciones que se dan cotidianamente dentro de la sociedad, lo que la hace una carrera muy interesante mediante la cual adquieres una gran cultura general".
  • Estudiando Derecho me doy cuenta de que he aprendido historia, política y ética, todo en la misma carrera.
  • La razón por la que escogí estudiar Derecho fue la curiosidad por saber cómo se rige nuestra sociedad, cómo funciona, quería entender qué decían esos señores que salen por la tele (políticos, abogados, jueces, funcionarios en general...), en definitiva, entender la estructura de nuestra sociedad y tal vez aprender a mejorarla. 
  • Sinceramente no sabría decirle un motivo concreto que explique por qué me dispuse a estudiar Derecho, fue básicamente la idea en entender mejor cómo funciona el mundo desde el punto de vista jurídico.
  • Este es uno de los grados más enriquecedores que puedes cursar ... No solo me ha enseñado cómo funcionan los Poderes del Estado, sino que ha sido un 'conocer realmente cómo es la sociedad', es estar en contacto con la realidad, se ven temas y problemas que existen en el día a día que no son visibles para cualquier ciudadano.
  • Empecé a estudiar Derecho por curiosidad, porque me interesaba saber más 
  • Empecé Derecho porque siempre me han interesado temas como la historia, leyes, conducta humana, política, justicia, organización del Estado, actualidad, etcétera, y comprendí que esta era la carrera idónea.
  • Me convenció la carrera de Derecho por eso que digo de estructurarte la cabeza, por ejemplo, conocer cómo se articula la sociedad. 
Esta motivación dual de los estudiantes se corresponde, en mi opinión, con la orientación también dual que ha de tener el grado de Derecho: profesional, por un lado, como preparación generalista para las profesiones jurídicas, y política, en el sentido más amplio del término, por otro, consistente en habilitar a los graduados para ser y actuar como ciudadanos ilustrados y críticos.

No quiero terminar este apartado sin aludir a la especial motivación de los estudiantes "maduros", cuyos objetivos van desde la mera promoción laboral a la pura satisfacción de ver cumplido un reto personal. Sirva de homenaje a estos esforzados estudiantes, estas palabras de una de ellos:
Empecé la licenciatura de Derecho hace más de 20 años... 
Oposité a la función pública y me puse a trabajar. 
Llegaron los niños, soy madre de familia numerosa, y empecé a ver las cosas de otra manera. Qué diferente es estar al otro lado… y así sin pensármelo el año pasado llegué a Secretaria de Jovellanos. 
Adapté mi plan de estudios al Plan Bolonia y estoy encantada de la decisión tomada. 
Por un lado estoy intentando demostrar a mis hijos que no vale protestar sino hacer lo imposible por conseguir un objetivo, que nadie regala nada. Que cuando ellos se van a la cama yo empiezo a estudiar y he tenido que priorizar mis obligaciones de estudiante ante muchas actividades que me encantan como puede ser el deporte o la música. 
Por otro lado la satisfacción personal de haber decidido que ya era hora de acabar lo que empecé y de hacerlo cuando aún mis padres están conmigo y de devolverles todo lo que ellos hicieron por nosotros.


Satisfacción en sus estudios


La amplia mayoría de los estudiantes, tanto los de vocación temprana como los de vocación más morosa, manifiestan satisfacción; no están  arrepentidos o insatisfechos con su resolución de estudiar Derecho. Aunque es lógico pensar que los insatisfechos habrán abandonado tempranamente la carrera, la espontaneidad y rotundidad con la que se explican y la práctica ausencia (no llegan a una docena) de respuestas tipo "más o menos", "hasta cierto punto", "no acabo de encontrarme", etc., me hace pensar que la Facultad puede preciarse de que los ánimos de los estudiantes estén altos. Y no es precisamente porque la carrera les parezca fácil.
  • Hasta el momento me está yendo muy bien, el grado me está gustando incluso más de lo que esperaba y no me he sentido incómoda con el alto nivel de exigencia, sino que me ha motivado a esforzarme cada vez más.
  • Desde que decidí estudiar Derecho, siempre me he encontrado algún amigo que me dijo "ya sé yo quién me sacará de los líos". Ahora me emociona poder ver un contrato bilateral donde la gente solo ve la compra de un billete de autobús. 
  • No era consciente  de lo duro que se puede hacer sacar la carrera, pero a día de hoy la volvería a escoger porque me he dado cuenta de que, aunque es un grado muy difícil, te vuelve más responsable y además la satisfacción personal cuando superas asignaturas es muy agradable.
  • Lo mío en el Derecho no es vocacional... Lo realmente curioso es que con 20 años, ninguna suspendida de los otros cursos y con ganas de seguir aprendiendo, no pensaba que esta carrera 'enganchara' de esta manera.
  • Nunca me creí capaz de estudiar tantos libros ... Me está gustando más de lo que imaginé 
  • No me arrepiento de esta decisión, creo que he acertado de lleno, aunque he de reconocer que no me está resultando nada fácil.
  • Tengo que decir que la carrera que curso actualmente me ha sorprendido gratamente, y a medida que avanzo en los cursos, me va interesando y atrayendo mucho más, hasta el punto de decir que creo que mi elección fue acertada.
  •  Estoy compaginando los estudios del grado con mi trabajo, y aunque desde luego es un esfuerzo, estoy francamente contenta con los resultados que estoy obteniendo. Creo que el Plan Bolonia, comparándolo con los años en que yo estudié, facilita mucho al alumno el estudio y por supuesto el aprobar, aunque la carga de trabajo diario sea mucho mayor.
  • Lo cierto es que en primero de grado tenía claro que si no me gustaba lo suficiente no me iba a obligar a seguir estudiando Derecho. Siempre podía optar por otro camino. Pero lo cierto es que me sorprendió para bien, no sólo por el conjunto, sino también por asignaturas que en principio no me parecían atractivas y que finalmente, bien por el profesor, por la materia o por ambos, me acabaron resultando muy interesantes; no porque esperara algo peor, sino porque en ocasiones pensaba que Derecho no estaría hecho para mí.
  • Al principio, no estaba muy segura de escoger esta carrera ... Si ahora me volvieran a preguntar sobre lo que quiero estudiar o si me gustaría haber escogido otra carrera, les respondería que no me imagino haciendo otra cosa.
  • No me ha defraudado, ni mucho menos, es más, ha cumplido con creces mis pretensiones e incluso pienso que ciertos aspectos del grado deberían explicarse en la enseñanza obligatoria 
  • Me matriculé en la rama de ciencias pues quería ser odontólogo, pero cambié de criterio. A día de hoy considero que el cambio de planes ha sido una de las decisiones más importantes y acertadas de mi vida.
  • Considero que con todo lo que aprendemos, valoramos y afrontamos 'problemas rutinarios' de una manera diferente (o eso es lo que yo he observado en estos tres últimos años)
  • Podríamos decir que siempre me ha atraído "no sé qué" que tiene el Derecho ... A media que pasan los años veo que no me he equivocado, que cada vez aumenta más mi interés y curiosidad, todo sin que se pierda la búsqueda de ese "no se qué" inicial.
  • Pese a que no inicié estos estudios con todo el entusiasmo que cabría esperar, confieso que me he llevado una grata sorpresa: cada día me gusta más la carrera y estoy más segura de haber tomado la decisión correcta; hoy por hoy, ya no me imagino haciendo otra cosa.
  • A día de hoy no me arrepiento de mi decisión, puesto que ese pequeño interés ha ido creciendo cada vez un poco más a medida que ha ido pasando el tiempo y ahora soy yo el que muchas veces explica a mi padre cosas que se hablan en televisión y él no comprende.
  • ¿Y si realmente mi interés era estudiar mas a fondo la Ley y no ser Policía? Por lo tanto, aprendí de los errores ajenos, obtuve nota en Selectividad para poder acceder a Derecho y ese mismo año me matriculé en el 1er año de la Carrera, una de las mejores decisiones que he elegido en mi vida. El grado me entusiasma, su abanico de conocimientos es increíble. Al principio tenía miedo, la gente me decía que la Carrera era muy difícil e imposible de obtener, incluso me añadían que muchos amigos suyos la habían dejado porque no podían con ella (Supongo que gente que quiso probar pero no tenía vocación alguna). A mi, por ahora la carrera me va bien y para nada opino lo que me contaban los demás, pienso que es una carrera maravillosa y, sobretodo, muy interesante, siempre aprendes algo nuevo
  • Me decanté, teniéndolo muy claro, por un bachillerato de ciencias puras pensando estudiar algo muy relacionado con ellas tipo medicina o biotecnología. A pesar de ello, al acabar selectividad hice un giro radical y pensé que medicina no era mi carrera así que opté por una carrera que me pudiera gustar y esa era Derecho. Mi idea sobre el derecho era " 2+2=4" , es decir, existía una ley y esa era la que se aplicaba, no había más vuelta de hoja. La primera semana de clase esa idea fue totalmente destruida puesto que, no hubo ni un solo profesor que no dijera la frase "el derecho no es dos más dos cuatro". Sin embargo, por mucho que estudiara un bachiller de ciencias, de lo cual no me arrepiento para nada, y a pesar de cambiar de idea en el último segundo, creo que acerté totalmente con la elección de la carrera aunque no sea tan matemática y tan clara como aplicar una ley y listo. Por lo tanto, derecho no ha sido mi vocación desde pequeña pero creo que después de tres años de carrera, veo claro que mi futuro estará relacionado con el Derecho y eso es algo que me hace mucha ilusión.
  •  No era mi primera opción. Mi idea era estudiar Ciencias Políticas, pero el hecho de no poder cursarlo en Mallorca impidió que realizara esta opción, aunque hoy por hoy no me imagino haciendo otra cosa que no sea Derecho


"Flamantes" en tercero


Vocacionales y no vocacionales (con más rotundidad estos últimos) repiten, de forma ampliamente mayoritaria, que su paso por primero fue algo decepcionante o difícil, puso a prueba su decisión de estudiar y conllevó bajas calificaciones o suspensos; que, en segundo, las cosas fueron mejorando; y que, en tercero, poco menos que reciben la revelación: ahora "ven" el Derecho, saben cómo resolver problemas y se encuentran cómodos y motivados; y lo dicen.
  • Si soy sincero, no sabría darle un motivo por el cual elegí esta carrera; si sé que no empecé con muy buen pie, sobre todo el primer semestre, pero ahora no cambiaba esto por nada. A medida que pasan los años, más me gusta y más disfruto estudiando y aprendiendo, y me sentiré muy afortunado de poder dedicarme a este mundo".
  • En el actual curso estoy viendo cómo todo lo aprendido hace que la carrera te guste cada vez más y personalmente este año estoy disfrutando como nunca de estudiar este grado.
  • En lo concerniente al grado de Derecho, estos tres primeros años me han resultado duros pero también sorprendentes. En realidad a mi siempre me han gustado los retos y cuanto más me cuesta algo más me implico y me doy cuenta de que realmente vale la pena. Es cierto que he tenido épocas de bajones con algunas asignaturas porque me han costado más que otras pero con esfuerzo he conseguido sacarlas adelante y el resultado ha sido gratificante para mi. Pienso que mi mayor dificultad durante la carrera es la parte "memorística" de las asignaturas. Al principio cuando decidí estudiar Derecho a todos les sorprenció bastante porque yo siempre he tenido muy mala memoria pero una gran capacidad de análisis por eso me resultaba más fácil estudiar filología pero más gratificante estudiar Derecho. Todas aquellas asignaturas que consistían en memorizar grandes cantidades de texto como por ejemplo el Derecho Constitucional y Teoría General del Derecho me han costado un poco más sacarlas pero en cambio este primer cuatrimestre de tercero me ha ido mucho mejor y he disfrutado más porque casi todas las asignaturas han sido prácticas. Hemos hecho bastantes trabajos y los exámenes no consistían en reproducir de memoria algún apartado del manual sino que han sido casos prácticos.
  • En general no me está yendo mal, los resultados no son malos. Aunque me arrepiento de no haber aprendido más en el primer año y parte del segundo. Con ello me refiero a no haber prestado más atención a la materia, no conformándome con aprobar, o con superar un examen, sino interiorizar la materia y «hacerla mía». Pero tengo claro que todavía estoy a tiempo. El curso pasado ya me di cuenta de ello y por eso creo que cada año o cada semestre que pasa intento mejorar y aprender más (aunque en ocasiones ello no signifique tener mejores resultados académicos)
  • Estoy muy feliz de mi decisión porque cada día que pasa, clase tras clase, esta carrera me gusta más. 
  • La verdad es que me costó elegir la carrera que quería estudiar ... Ahora que ya estoy en tercero me doy cuenta de que escogí correctamente, la carrera me encanta, aunque haya asignaturas que no me gusten nada, hay otras que me apasionan y hasta disfruto estudiándolas.
  • Soy una persona muy aplicada y estudiosa, me gusta el orden y la constancia. Tengo facilidades en cuanto a usar mi memoria, y debo decir que eso en derecho me ha servido mucho. Ahora bien, es cierto que soy una persona más teórica que práctica, pero considero que el esfuerzo es la clave para todo, y poco a poco evoluciono en mi faceta práctica. Este tercer curso de derecho, ha sido más práctico que los dos anteriores y me ha tocado enfrentarme a tareas que han sido más difíciles para mí en cuanto a mis habilidades, pero finalmente me ha ido bien y me he superado a mi misma, gracias al trabajo y duro esfuerzo que le he dedicado. Debo decir, que a pesar de haber tenido más dificultades que los años anteriores para enfrentarme a algunas materias de este curso, todo ello ha constituido un reto, una motivación y al haber superado con éxito este reto me ha permitido sentirme realizada.
  • Siempre he sacado buenas notas en el colegio, pero al empezar el Grado en Derecho pronto me di cuenta de que primero de carrera no era tercero de bachiller… Y, aunque no fue del todo desastroso, lo cierto es que mis notas fueron muy bajas. No estaba motivada, no trabajaba ni me esforzaba, y no me daba cuenta del alcance y la importancia que tiene cursar estudios superiores.Tras dos años de decepciones académicas, decidí dejar de abarcar tantas asignaturas por semestre y limpiar primero y segundo de una vez por todas. Fue el año pasado ... Fue sin duda el mejor año a nivel académico, y supuso el empujón que necesitaba para tomar conciencia de mí misma, de lo que quería hacer y de quién quería ser en un futuro. Y este año estoy aquí, en tercero de carrera, contenta, con ilusión, compromiso y con ganas de seguir adelante y no lamentarme por los errores del pasado, pues gracias a ellos he aprendido.
  • Desde el primer año de carrera estudio en la UIB. Tengo que decir que el primer año me decepcionó un poco ya que no me esperaba que la carrera fuera así y muchas cosas eran nuevas. Pero, a medida que vamos avanzando me gusta más y la encuentro más interesante ... Lo que más satisfacción me produce es ver que lo que estamos aprendiendo sirve para la vida cuotidiana. Cuando la gente conoce que estudias Derecho te empieza hacer preguntas de problemas que tienes. Al principio siempre decía: 'estoy en primero, yo aún no tengo ni idea', pero el año pasado buscaba en los apuntes el caso y lo explicaba aunque claro eso no significa que solo tienen que tener en cuenta mi opinión.
  • Al inicio de la carrera me costó adaptarme a las exigencias universitarias, sin embargo, lo he ido superando y considero que tercero está siendo mi mejor momento.
  • El primer año de carrera no me gustó demasiado; me costaba entenderla y me plantee dejarla. Sin embargo, decidí continuar y probar el segundo curso y entonces ya me gustó, empezamos con Derecho 'de verdad', civil, mercantil... empecé a encontrarle el sentido a la carrera y su utilidad en el día a día. Hoy en día la carrera me gusta mucho, he aprendido muchas cosas y la verdad es que me va bastante bien (estoy muy motivada)
  • Mi interés hacia el derecho no ha hecho más que aumentar, y ya me he visto capaz de solucionar cuatro problemillas básicos de casa en base a mi formación, cosa que considero muy gratificante
  • En cuanto a mi paso por el grado, puedo decir que está siendo más satisfactorio de lo que imaginaba. Llevaba la típica idea de "estudiar Derecho" cuando vienes de bachillerato es empollar y empollar y empollar, y para mi, esa idea ha quedado totalmente apartada de mi mente. Es cierto que estudio más horas que un reloj y que cuesta, pero ver los resultados merece la pena. Me sorprende sobretodo, si miro mi expediente, que al principio del grado, rascaba el cinco y en tercero soy capaz de sacar notables y sobresalientes! Además, estudiar Derecho es más que coger un libro y ponerte a estudiarlo de pe a pa... Bueno, siempre desde mi punto de vista, quizás otro no lo pensará igual!

La reflexión que me provocan estas manifestaciones de los alumnos es que, especialmente en tercero, resulta imperdonable que los profesores, por falta de motivación y/o dedicación por nuestra parte, desaprovechemos la oportunidad de utilizar la propia ilusión y creciente capacidad de los estudiantes como palanca para llevarlos un poco más allá en su proceso de formación. ¿Racanear cuando lees que un estudiante dice que "estoy pasando mucho gusto de estudiar lo que estudio"o que "la carrera me gusta cada día más"?



Materias favoritas


Ninguna sorpresa, nada ha cambiado desde que yo estudié en San Sebastián hace casi cuarenta años: al frente, destacada, Penal. En un segundo plano, Civil. El resto de las preferencias, muy repartidas.

Muchas veces me he preguntado, civilista celoso, por qué esta predilección estudiantil por el Derecho Penal. Probablemente confluyen muchas razones. Los intereses en juego y principios en concurso son más diáfanos y comprensibles para un estudiante que los de otras materias (comparemos mentalmente un debate sobre la pena de muerte y otro, por buscar un tema polémico, sobre la legítima). En Derecho Penal se resuelven problemas, casos, y eso siempre motiva al estudiante. Actividades como la aplicación de circunstancias modificativas, los concursos de delitos o la graduación de las penas tienen una connotación, por emplear un término en boga, "gamificadora", que gratifica con la obtención de la respuesta correcta. La práctica constricción de la materia a un solo texto legal, con una sistemática muy precisa, ayuda a que el estudiante sienta que es un Derecho conmensurable. La presencia del Derecho Penal en los medios de comunicación, la literatura o las ficciones audiovisuales debe de aportar su granito de arena. Termino con una salvedad, por si algún penalista que leyera estas líneas pensara que estoy acusando de simplonería a su materia: soy más que consciente de que la capacidad de abstracción de la dogmática penalista, con la germana al frente, es estratosférica.


Proyección profesional


Pocos estudiantes tienen ya decidido hacia dónde orientar su futuro profesional, pero sí me llama la atención, al menos en comparación de lo que ocurría en mi generación, que es un tema que tienen bien presente -y les preocupa- y que ya están "deshojando margaritas". Asumen, la mayoría, que el grado es una de las etapas de su formación.
Mi principal problema es que ya estoy en una etapa muy avanzada del grado y aún no sé a qué me quiero dedicar ni en qué me gustaría especializarme. Sí tengo claro que al acabar me gustaría seguir formándome todo lo posible.


Trabajo, aficiones e idiomas


Como era esperable, la mayoría de los estudiantes de grupos vespertinos se dedican al estudio como segunda actividad. Lo que me ha sorprendido es la cantidad de estudiantes "de mañana" que, con carácter accesorio, realizan alguna actividad remunerada, sea dar clases de repaso, trabajar unas horas en una tienda o hacerlo en algún establecimiento de hostelería en la temporada estival; aproximadamente la mitad de los estudiantes de los cursos matutinos.

Las aficiones extracurriculares que más suelen mencionar son de carácter deportivo; en segundo lugar, musicales y políticas. 

En lo tocante a los idiomas, con el inglés al frente, no suelen manifestar mucha convicción sobre de sus capacidades, pese a que casi todos ellos están realizando algún curso de inglés (quizás motivados por la exigencia por la UIB de un nivel mínimo como requisito de graduación). Si he de juzgar por lo que los propios estudiantes me dicen, el nivel es preocupantemente bajo. Como digo, se les ve, eso sí, aplicados en mejorarlo.